viernes, 14 de agosto de 2015

Caminando en Agosto

Musica alegre, que estoy de vacaciones 
 
Caminar como deporte, podría verse así...

Y de nuevo de vacaciones.

Mi primera semana de vacaciones. Cuando van a dar comienzo, siempre me planteo una serie de actividades que habitualmente la falta de tiempo o la holgazanería no me permiten llevar a cabo, pero con tres semanas por delante todo parece posible. Arreglaré...pintaré, tiraré....cambiaré....al final, cuando acaban esas tres semanas me doy con un canto en los dientes si he logrado la mitad de mis objetivos. Imagino que en el fondo nos pasa a la mayoría, al menos a la mayoría que no atendemos unas normas disciplinarias que deberíamos autoimponernos.

Una de las cosas que me planteo es caminar, caminar mucho.

Claro, el calor es un poderoso motivo que puede hacerme desistir. Así que mejor madrugar un poquito que, además, ayuda a no cambiar mucho el ritmo de sueño. Así que me pongo algo cómodo y fresco, cojo mis gafas de sol, mi mochila con agua fresca, mi sombrerito protector y .... al coche.

Si, al coche, porque para poder llegar a un sitio digno de una buena caminata tengo que desplazarme al antiguo cauce del Turia que atraviesa Valencia, convertido hace muchos años en un inmenso jardín que muchas ciudades envidiarían. Si hiciese ese recorrido a pié bajo el Sol, cuando llegase a ese lugar, estaría ya para el arrastre, por lo tanto, al coche.

Aquí se respira bien y, como es temprano, la tranquilidad te envuelve. Los árboles se encargan de amortiguar el sonido del tráfico del exterior y proporcionarte una panorámica verde de lo más relajante. Algunos ciclistas, gente que pasea a su perro, caminantes como yo, corredores ( yo antes también corría, pero mis rodillas no parecían estar de acuerdo con esa actividad y ante la posibilidad de lesionármelas sin remedio, decidí pasarme a cosas más acordes a mi naturaleza sobrepesada. Incluso hay un tipo haciendo movimientos raros él solito, creo que practica Tai-Chi. Cada cual a lo suyo, lo que me incluye, así que a darle duro que todavía me queda un buen trecho por andar.

Escuchando música o algún podcast descargado de la red voy progresando a buen paso, sintiendo el frio de mi botella de agua medio congelada a la espalda, algo que con el calor que hace, no puedo decir que sea excesivamente molesto. Es curioso, pero a veces incluso con los auriculares puestos, escucho mis pasos, o creo escucharlos, algo que sólo me pasa aquí, cuando camino sólo por éste lugar. Serán imaginaciones mías.

A ratitos, dejo caer los auriculares para sentir plenamente el lugar en el que me encuentro, para poner todos los sentidos en ello. No van a ser demasiados los días que pueda venir. Cuando regrese al trabajo ésto se terminará y ni siquiera autoimponiéndome la caminata como disciplina podré hacerlo.

A veces, el acompañamiento sonoro tiene la función de distraer mi mente y no pensar demasiado en problemas, preocupaciones, frustraciones y cosas del estilo, que dos horitas andando en soledad pueden ser demoledoras si la actitud no es precisamente positiva y los "podcast" de historia pueden ser de lo más entretenido, al menos para un servidor.

A estas horas una legión de personal de jardinería se encarga de mantener presentable el lugar. Parece una labor titánica, pero logran mantener este lugar impecable. Un aspersor decide aprovechar mi despiste y descargar su chorro de agua sobre mi espalda y no puedo decir que me venga mal, a pesar de la impresión inicial. Bendita torpeza del jardinero.

Tengo tiempo de pensar, y pienso en que ya ha pasado un año desde que me dio por esto de caminar el Agosto del pasado año y me doy cuenta de que éste año me encuentro en mejor forma, ya que incluso he podido lanzarme a correr suavemente durante un buen trecho, algo prácticamente impensable el año pasado. Es el único deporte que voy a poder practicar, ya que el organismo que gestiona el uso de la zona costera ha determinado que el club de tiro con arco al que pertenezco debía abandonar el campo de tiro del que disponía por estar en zona de su competencia y nos daba la patada para instalar una duna. Viva la ecología de salón. Era una buena manera de mantener la cabeza en su sitio, pero habrá que esperar a ver si nos prestan algún otro espacio para entrenar.

Voy pensando en que el año no está siendo malo del todo, que ha sido un año de solucionar o dejar casi zanjados algunos problemas y que confío que los meses que restan sean iguales. El final del año se promete movido por algunos frentes, pero por eso mismo, quiero ver que lo que se presenta es la oportunidad de acabar con asuntos pendientes. Pongo sobre una imaginaria mesa las cosas que me han sucedido buenas o malas y cómo he digerido las buenas y he afrontado las malas. Algunas bien, otras no tanto, y de esas últimas espero aprender y si se repiten, no volver a fallar.

El tiempo dirá...





domingo, 8 de febrero de 2015

ARISTODEMO EL ESPARTANO

Musica épica para una historia épica

    Como ya he mencionado en alguna ocasión, la épica de la batalla de las Termopilas siempre me ha cautivado. El concepto de valor y sacrificio de un puñado de griegos libres ante un inmenso ejército persa compuesto por combatientes de las muchas naciones que estaban bajo el yugo persa resulta tan sorprendente que casi parece imposible, pero sucedió.
No obstante, además de los célebres 300 espartanos al mando de su rey Leónidas, se trataba de su guardia personal, también acudieron a la lucha contingentes de otras ciudades - estado griegas en número bastante mayor, hasta conformar un ejército de 8000 hoplitas.

El soberano persa Jerjes, exigió a los griegos que bloqueaban el estrecho paso de las Termopilas que depusieran las armas, a lo que los griegos contestaron "Molón labé" (ven a por ellas). Conocida es la historia acerca de cómo los soldados persas se estrellaron contra la muralla de escudos de los Hoplitas griegos y como eran literalmente despedazados por las lanzas y espadas griegas manejadas por guerreros extremadamente diestros y disciplinados que defendían su tierra.


Cuando el traidor Efialtes, un habitante de Traquis, una pequeña aldea cercana al paso, condujo a través de un paso montañoso a un nutrido contingente persa, toda esperanza para los obstinados griegos se desvaneció. Algunos historiadores minusvaloran hoy el valor de la traición de éste hombre, dado que en las filas de Jerjes militaban bastantes mercenarios griegos tesalios que podían conocer la existencia de la senda y tan sólo necesitaban a alguien que les condujese por ella durante la noche. Así pues, los griegos pronto se vieron rodeados y sin más esperanza que la rendición o la muerte. Mientras los persas atravesaban la montaña para salir por detrás de las filas griegas se toparon con un contingente foceo que, viendo lo que se les venía encima a sus compañeros del paso, trató de desviar su atención con intentos de escaramuzas que los invasores asiáticos rehusaron, teniendo muy claro su verdadero objetivo. Los mensajeros de los foceos avisaron a Leónidas de la situación, pero en lugar de retirarse, los espartanos decidieron sacrificarse y morir luchando tras ser abandonados por muchos de sus camaradas. No obstante, junto a los 300 espartanos decidieron quedarse algunos beocios, unos 400 tebanos y 700 hoplitas de Téspis. El resto del ejército griego se retiró siguiendo instrucciones de Leónidas.


¿Qué sentido tenía morir en una lucha sin esperanzas? Se cree que la decisión la tomó el rey espartano en base a un oráculo que predecía que Esparta perdería a su rey o a su ciudad frente a los persas. Tal vez Leónidas entendió que su muerte salvaría la ciudad. El rey espartano y todos sus hombres murieron....o esa es la versión más conocida, pero parece que no cayeron todos. Dos hombres de Esparta no murieron en las Termopilas.
Tres hombres fueron sacados del paso de las Termopilas. Uno de ellos era Pantitas, un mensajero que el propio rey envió a Tesalia como mensajero y a cuyo regreso, todo había acabado. Los otros dos eran Aristodemo y Éurito, que padecían unas lesiones oculares que el rey decidió que debían ser tratadas en un lugar más adecuado, enviándolos a la cercana población de Alpeno. Cuando el grueso del ejército griego pasó por allí en retirada, los dos espartanos discutieron acerca de si volver a luchar junto a su rey o permanecer allí. Éurito obligó a su ilota (esclavo) a conducirle de nuevo a las Termopilas y pereció en ella. Aristodemo decidió que se trataba de una acción inútil y permaneció en Alpeno.
En Esparta, Leónidas y sus 298 hombres fueron ensalzados como héroes y Aristodemo y Pantitas sufrieron deshonra y humillación. Se les consideró cobardes, la peor injuria para un espartano. Se decía que Pantitas el mensajero, había retrasado a propósito su regreso al paso. A su vez, Éurito tomó la decisión de volver con su rey, no como Aristodemo, y esa diferencia de opinión indignó al pueblo, que tachó a ambos supervivientes de "tresantes" (temblorosos) y fueron totalmente despreciados, retirándosele todo derecho de un ciudadano de Esparta. Pantitas acabó ahorcándose por la vergüenza. Aristodemo aceptó su deshonra y esperó la ocasión de limpiar su nombre, una oportunidad que un año más tarde encontraría en la batalla de Platea.

Aristodemo en Platea

A pesar de las acusaciones de cobardía, Aristodemo fue llamado a filas para combatir contra los persas en Platea. Los hombres todavía le daban la espalda y decidió que allí mismo lavaría su honor aunque le costase la vida.

El ejército persa era muy numeroso y a los griegos no les resultaba fácil contenerlos, más aún teniendo en cuenta que los comandantes griegos esperaban que sus adivinos encontrasen una señal favorable para iniciar la lucha. Mientras tanto, los persas barrían las filas griegas con flechas mientras los helenos aguantaban, pero un hombre no pudo esperar más. Aristodemo abandonó su formación y cargó contra los persas, arrastrando en su ímpetu a todos los demás. La desesperación de aquel soldado y su valor hicieron que el historiador Herodoto lo considerase el hombre más valiente de aquel día. Aristodemo murió en la batalla, tras acabar con numerosos enemigos, pero no logró que sus compatriotas espartanos declarasen limpio su nombre. Se negaron a rendirle honores de héroe, ya que había vuelto a desobedecer, impelido ahora por la voluntad de morir, rompiendo de esta manera la cohesión de la unidad en la que estaba encuadrado y poniendo así en peligro la vida de sus compañeros.
De todas maneras, gracias a Herodoto, Aristodemo finalmente ha alcanzado fama duradera.

miércoles, 4 de febrero de 2015

CONSTRUIR UNA FLECHA MEDIEVAL


Ambientando...pica aquí 

Una de las entradas que tenía pendientes para éste blog era la que trataría acerca de la elaboración de flechas de estilo medieval europeo.   Pues bien....tras conseguir casi por casualidad unas puntas de flecha más o menos aceptables, me he animado a montar unas flechas totalmente funcionales que pueden recordarnos aquellas escenas vistas en algunas películas en las que se ve un gran grupo de arqueros tensando sus longbows de tejo apuntando hacia el cielo para hacerlas caer sobre la caballería pesada que se aproxima a sus líneas.  Antes de nada, debo recordar que este tipo de flechas no están permitidas por la peligrosidad que entrañan sus puntas y deben usarse con puntas de tipo bala, aunque posiblemente para ser empleadas en la cacería de animales como jabalíes o ciervos es bastante posible que la legislación las acepte.
Un servidor de ustedes en una tirada medieval,
 
Aunque anteriormente ya había montado (y disparado) flechas de éste tipo, siempre había tenido que colocar las puntas de tipo bala ya que no disponía de otras, pero hace un par de meses tuve una grata sorpresa.  Estando a la espera de que pasaran un par de horas para subirme a un tren, pude ver a través de la luna de un escaparate de un comercio para turistas unas espadas y unos cascos que, como no podía ser de otra manera, atrajeron totalmente mi atención. Disponía de tiempo, así que me animé a entrar y pude ver que se trataba de réplicas de espadas antiguas, pero increíblemente fieles a los originales.  El dependiente debió verme muy interesado porque se acercó y me invitó a subir a la segunda planta, donde seguramente vería más cosas interesantes.  Aquello era el paraíso de los "freaks" del mundo antiguo y medieval.....armaduras, lanzas, espadas, hachas, yelmos...todo ello muy fiel como ya dije a los originales. Incluso armaduras de samurai completas de una belleza que quitaba el hipo.  Empecé a perder la noción del tiempo dejándome absorber por la contemplación de aquellos objetos que, a pesar de saber que se trataba de réplicas, difícilmente volvería a tener tan masivamente y tan a mano, y entonces, en un pequeño cuenco dentro de un mostrador, las vi.  Puntas de flecha de estilo medieval....¿estarían a la venta?
La persona que me había acompañado a dicha sección se sorprendió por mi interés en aquellas piezas un tanto arrinconadas y le dije que tiraba con arco y estaba interesado en adquirir algunas. Dicho y hecho. Seleccioné algunas, las pagué y al tren, al cual no tenía claro del todo que me dejasen subir con aquello. "Mira que si las tengo que dejar en la estación..." Pero hubo suerte y pude acceder con ellas.
Así pues, me puse manos a la obra. Conseguí los vástagos adecuados y plumas enteras para recortar el perfil apropiado, pero….faltaba algo. Las flechas pesadas que se usaban contra los jinetes revestidos de metal eran disparadas con arcos que desarrollaban un empuje brutal, de hecho, no resultaba extraño el uso de arcos de 120 libras. Esa fuerza tan intensa aplicada sobre el culatín tallado en madera hacía peligrar la integridad de la flecha, pudiendo llegar a partirse desde atrás hacia adelante con el consiguiente riesgo.  Para ello, los culatines eran reforzados con una lámina de hueso o cuerno preferentemente que era   colocado en el sentido de las vetas de la madera para que absorbiese el empuje y la madera no se rajase destrozando la flecha. Si quería que mis flechas tuviesen un aspecto auténtico, debía hacerlas así. Eso me planteaba el problema de la obtención del material, pero recordé que cada Navidad se montaba un mercado medieval cerca de donde vivo y que un artesano de estos materiales vende sus productos allí. Tras explicarle lo que andaba buscando, quedó en traerme unas láminas sobradas de cuerno planchado, las cuales yo me encargaría de acabar de recortar y acoplar a mis flechas.

Los restos de cuerno que al fin estaban en mi poder.


A continuación, he colocado una serie de fotos (porque una imagen vale más que mil palabras) en las que se ve el proceso de fabricación.


Tras escoger un trozo adecuado de cuerno, se rebaja a base de lijado hasta lograr un pequeño rectángulo que pueda insertarse en la parte trasera de la flecha hasta un poco más hondo de donde llegará la futura ranura del culatín.

Ahora lijamos con una lija fina la parte del vástago en la cual vayamos a tallar el culatín hasta ver que aparecen claramente las lineas de la veta de la madera.

En éste dibujo muestro la orientación que debemos dar a la colocación de la lámina de cuerno respecto a la veta de la madera. De este modo la cuerda empujará todas las lineas duras de la madera además del refuerzo de cuerno. Hoy ésto no es necesario, pero antiguamente si y se llevaba a la práctica, de modo que si queremos un trabajo creible....
La línea roja muestra la orientación del primer corte, es decir, el que nos permite insertar la lámina de cuerno. La línea azul, será la segunda ranura, o sea, la que albergará la cuerda del arco.

 Entendido el gráfico precedente procedemos a hacer la ranura para el cuerno, empezando con un agujero que actuará de tope para después pasar a una pequeña dremel (aquí cada cual que se sirva de las herramientas que tenga a mano...) y realizar el corte que posteriormente será agrandado mediante una cuchilla, tal y como se ve debajo de éstas lineas.


Ahora deslizamos la tablilla de cuerno en la ranura y la pegamos. Recomiendo cianocrilato (superglue) que es inmejorable para pegar cuerno.

También podemos hacer nuestro propio pegamento tradicional rápidamente, mezclando al fuego en un vasito metálico de flan (andando..al chino de la esquina) resina de pino, cera virgen y un poco de carbon vegetal pulverizado.

La resina será el pegamento real, la cera restará fragilidad a la resina cristalizada, haciendola más maleable y el carbón será el aglutinante. Las proporciones son aproximadamente resina y cera al 50 % y el carbón recomiendo poner muy poco y además mezclarlo poco a poco, hasta ver que la mezcla se vuelve negra.   Hay que tener en cuenta que a más resina, más quebradizo es el pegamento obtenido, pero si nos pasamos con la cera no pegará bien...parece complicado, pero no lo es en absoluto.
Una vez el cuerno esté firmemente adherido pasamos a retirar el sobrante ( como vereis, yo me he pasado varios pueblos y he tenido que lijar bastante, aunque se hace rápido) y de ese modo debería quedarnos tal que así...
Es el momento de hacer la ranura que albergará la cuerda, que en este caso ha de hacerse de manera que corte madera y cuerno como indico en el dibujo anteriormente visto. Para ello, lo más adecuado es proveerse de una pequeña sierra y trabajar sin prisas ya que un mal corte en esta fase arruinaría todo el trabajo. Una vez hecha, es cosa de continuar el trabajo con una lija muy fina sobre todo por el interior de la ranura para que no quede ninguna arista que roce en la cuerda y la deteriore. Al igual que se hizo anteriormente, conviene agujerear con mucho cuidado el vastago en el punto que determinemos como final de la ranura, para que nos quede un mejor acabado y sea más fácil controlar la sierra al llegar a ese punto.
Tras ésta laboriosa parte, lo que queda es emplumar y poner las puntas, algo en lo que no me gustaria ser redundante por haberse explicado an algunas ocasiones.
Ir a "Cómo emplumar" 
Aconsejo plumas largas y recortarlas con un perfil triangular como muestro en las fotos, además de hacerles el atado al vástago con un hilo adecuado. Yo he gastado hilo de algodon de un color crudo, pero para gustos, colores.


Espero que este modesto tutorial os haya sido de interés. Hasta la próxima.