sábado, 9 de octubre de 2010

Acerca del longbow

El arco recto y el Longbow
Como ya sabemos, el arco recto primitivo es la forma más sencilla de elaborar un arco con medios limitados. Esta sencillez conlleva ciertas carencias, dado que el arco se talla por entero en una sola pieza de madera y conservará unas características muy determinadas. Se busca en esencia, que la parte frontal del arco sea flexible para soportar las fuerzas de tensión y la trasera las de compresión, y ambas partes recuperar su forma con fuerza al producirse la suelta. Se cree que hacia finales del Paleolítico se empezaron a fabricar los primeros arcos rectos, en una sola pieza de madera.  Es el tipo de arco más frecuente, ya que en todos los continentes, excepto en Australia, encontramos versiones de este tipo de arco.
Básicamente, un longbow es un arco recto, los cuales eran fabricados en una sola pieza. La manera de alcanzar con éxito las características que acabamos de describir era buscar que la cara interna del arco coincidiese con la parte más vieja del listón, es decir, la más cercana al centro del tronco, por ser ésta más dura, mientras que la cara externa se hacía coincidir con las capas más externas de desarrollo del tronco o rama, con lo cual, resultaban más flexibles. Según parece, esta técnica fue introducida en las islas británicas por los pueblos escandinavos, especialmente en el actual Gales, aunque recientes hallazgos hacen cree pensar que en Escocia se usaban casi 2.000 años antes de nuestra era. En cualquier caso, los galeses adoptaron este tipo de arco y lo usaron muy eficazmente contra los invasores ingleses, los cuales, a su vez, aprendieron a apreciar el poder de estos arcos y reclutaron gran cantidad de arqueros galeses mientras formaban a los suyos propios.
La gran demanda de arcos provocada por las múltiples guerras que en Europa tuvieron lugar, sumadas a este método, en el que se desperdiciaba mucha madera, pusieron a especies como el tejo en serio peligro de extinción.
Más adelante se ideó el sistema de laminado. Encolando maderas de distintas características en cuanto a dureza y flexibilidad se solucionaba de modo ingenioso esta cuestión  y se aprovechaba mucho mejor la buena madera disponible.  Se trata pues, de un sistema similar al empleado para la fabricación de arcos compuestos asiáticos, que sirvió para lograr un mejor equilibrio de fuerzas y tensiones.


Revolucionando la forma de hacer la guerra.

Un día cualquiera del siglo XIV, un paisano, posiblemente un simple siervo o, como mucho, un hombre libre sin mucho más que perder que lo que en aquel momento le sirviese de vestimenta, se encuentra sumido en medio de una batalla, una batalla cualquiera en un lugar cualquiera… Se halla resguardado por una fila de estacas afiladas y, al igual que sus compañeros, arma su arco, apunta y deja que su flecha vuele. A unos doscientos metros, un orgulloso caballero cae de su corcel, atravesado por esa misma flecha, posiblemente, muerto. Esto que, dentro de su brutalidad, nos puede parecer normal o, al menos, dejarnos indiferentes supuso en su momento una autentica conmoción. En aquel entonces se daba una sociedad separada muy claramente en castas, clases u órdenes y que un noble caballero pudiese ser abatido por alguien que no era su igual, producía desasosiego a todos aquellos que estaban acostumbrados a ser los señores del campo de batalla.
Esta es la causa de que el longbow se haya atrincherado tanto en la historia y en las mentes de todos los que disfrutamos con ella y, también por eso, se pasa por alto que no era -ni mucho menos- el único arco usado en la Europa medieval ni el más avanzado técnicamente, pero tenía la virtud de las cosas que triunfan y perduran…satisfacía plenamente los requisitos que se le exigieron: arma económica, bien hecha, sólida, adecuada para una producción en masa, fácil y rápida de usar contra blancos lejanos.
Esto significa que no era perfecta en nada…pero magnifica en todo.


Durante largos períodos de tiempo, los ingleses varones se vieron obligados a cumplir leyes que promovían el aprendizaje del tiro con longbow. Bajo el reinado de Enrique II era obligatorio que cualquiera que ganase entre dos y cinco libras anuales se proveyese de un buen arco y realizase prácticas de tiro los domingos. Para ello, las iglesias fueron requeridas para habilitar y mantener lugares cercanos a ellas donde sus fieles pudiesen practicar. Estas leyes eran para ciudadanos civiles susceptibles de ser movilizados rápidamente mediante levas para pelear por Inglaterra, ya que soldados profesionales había pocos y eran, casi en su totalidad, mercenarios.
Hay muy pocas ilustraciones o literatura contemporáneas al uso del longbow que hagan justicia a su diseño y concepción pero, afortunadamente, el descubrimiento del “Mary Rose”, un buque inglés hundido frente a sus propias costas en 1.545 , desveló la mayoría de las dudas; de su interior se recuperaron 138 arcos y 2.500 flechas, y eso, en arqueología militar, es un autentico cheque en blanco.



El “Warbow”
Este arco era básicamente un longbow de gran potencia. Al igual que el longbow, se fabricaba en madera de tejo preferentemente, aunque por razones de disponibilidad se usaron otras maderas como el fresno y el olmo y a partir del siglo XV, algunas maderas exóticas de importación.  Las fuentes de la época valoran como mejor madera la del tronco, pero era tal la demanda que se fabricaron en gran medida de madera procedente de las ramas primarias. Se realizaban plantaciones de árboles escogidos y se cultivaban cuidadosamente a fin de obtener madera de primera calidad, aunque a pesar de ello, la Inglaterra de los Tudor importaba madera de tejo de otros países, siendo la mejor valorada la procedente de España, pero al entrar en conflicto ambos países a finales del siglo XIV, el rey español ordenó la destrucción de los stocks existentes de tejo y los ingleses se vieron obligados a buscar nuevas fuentes de suministro, las cuales encontraron en tierras italianas.  A mediados del siglo XV, Venecia era el estado proveedor de tejo para Inglaterra, cuya madera era comprada, almacenada y embarcada por comerciantes ingleses establecidos en aquellas tierras.
Una descripción más tardía recoge que los listones de tejo tenían que ser de tres dedos de anchura, cuadrados y de una longitud de siete pies, buen aspecto, pulidos y sin nudos.  Cualquiera que fuera su origen, la madera era cuidadosamente examinada por funcionarios reales, clasificados por calidades y marcados al efecto.
Se hace mención a la existencia de artesanos capaces de tallar un arco en menos de dos horas, lo cual da una idea de la capacidad de producción.
Un estatuto del año1465 dictaba que: “Todo inglés residente en Irlanda, entre 16 y 60 años debe tener un arco de su misma altura”, lo que nos puede dar una idea bastante exacta de la importancia que se concedía a la arquería en dicha época.
Estos arcos se fabricaban frecuentemente en potencias comprendidas entre las 80 y las 120#.   Pruebas de tiro realizadas en la actualidad han determinado que más allá de 120# no proporcionan ventaja superior a esta potencia, la cual en si, ya es tremenda.
Por lo general, los modernos longbows suelen fabricarse en potencias comprendidas entre las 40# y las 60#, aunque son frecuentes potencias más bajas.
Contrariamente a la creencia popular, no siempre se tallaban en un listón recto. Algunos eran obtenidos de listones ligeramente curvados (el término moderno es reflexo) debido a una tendencia natural de la veta de la madera del centro del tronco a expandirse. Esta característica queda disimulada al encordar el arco, y hace que el tiro sea más potente. También se dieron casos de intentos de curvar los tips hacia delante aplicando calor, técnica que muchos artesanos no compartían, para obtener el efecto que hoy conocemos como recurvado.  Una vez la madera del arco se había deformado con el uso se decía que el arco había “seguido la cuerda” y era el momento inexcusable de buscar otro nuevo, dada la pérdida de potencia que se iba a experimentar con el viejo.
Los arcos de calidad eran dotados de tips de cuerno, necesarios para proteger el extremos de la pala de las grandes fuerzas de actuaban sobre él y, de paso, proteger la cuerda del roce de la madera.
No era habitual envolver la empuñadura del arco con vendajes o tiras de cuero, aunque ese recomendaba encerar  la zona para prevenirla del calor y sudor de la mano. Una de las prácticas más frecuente era marcar el centro del arco con la marca que identificaba al artesano, lo cual servía para saber el punto por el que la flecha debía ser disparada, ya que no tenían ventana sobre la que apoyarla. Generalmente la potencia de ambas palas era la misma con lo cual se podía disparar con el arco invertido. Lo más frecuente era que los arcos fueran entregados por el constructor simplemente pulidos, pero sin encerar, lo cual se realizaba en muy pocos casos y para personajes especiales, debido a que la mayor parte de la producción debía destinarse a la guerra y era preciso abaratar costes.
En épocas prebélicas, el gobierno compraba todos los stocks de arcos fabricados y de madera adecuada para su elaboración. Del mismo modo, todos los artesanos arqueros eran requeridos, al igual que sucedía con todos los maestros armeros. Todos ellos acompañaban al ejército en campaña. Sorprendentemente, y a pesar de sus conocimientos y habilidades, un constructor de arcos no ganaba más que un arquero cualquiera en tiempos de guerra.

Las cuerdas

Las cuerdas se elaboraban con cáñamo trenzado, las hoy conocidas como cuerdas “flemish”, tratado con una solución especial para hacerlas más consistentes. También las había de lino y de seda y todas ellas debían mantenerse bien enceradas. Se dice que las cuerdas eran transportadas bajo el sombrero o casco del arquero, para que las grasas naturales del cabello - de las cuales seguramente andaban sobrados dada la falta de higiene personal - mantuviesen la cuerda impregnada e impermeabilizada. Era norma habitual llevar más de dos cuerdas para, en caso de rotura, cambiarla y poder seguir disparando, ya que la incapacidad para seguir disparando de un arquero le invalidaba prácticamente como soldado, ya que rara vez estaban adiestrados en el combate con otras armas. Al igual que hacemos hoy, el centro de la cuerda se protegía mediante un forrado para ralentizar el desgaste.

Las flechas

Las flechas solían entregarse atadas en grupos o “haces” de 24 o de 30, y sus dimensiones estaban sujetas a los estándares del gobierno. Las flechas de guerra eran de calibres altos a fin de admitir puntas grandes capaces de causar grandes daños al enemigo.  No obstante, se intentaba aligerar su peso usando maderas ligeras como el álamo o el chopo, lo cual resultaba ideal para una producción masiva  de flechas.  Estos árboles, cultivados en condiciones de humedad  eran fácilmente reproducidos mediante esquejes, proporcionando una madera de crecimiento rápido y ligera a la vez.
Las flechas de madera de fresno también aparecen en inventarios medievales y resultaba asimismo interesante para la fabricación de flechas, pero era más difícil de obtener y se desperdicia más cantidad de madera en su elaboración.  Posiblemente, los vástagos pesados eran destinados al uso en distancias cortas, tratándose de maderas como el abedul, el saúco o el sauce.   Resulta curioso comprobar que se menciona poco la más popular de las maderas usada en los siglos XIX y XX en un proceso de recuperación de la práctica arquera, el pino escocés.
Los emplumados eran largos, entre 7 y 9 pulgadas y se realizaban siempre teniendo en cuenta el peso de la punta de la flecha.  Lo usual era pegar las plumas en recto al vástago con resinas y después atarlas con un cordel en espiral a lo largo de todo el emplumado.    Hay que hacer notar que, dado que los culatines se tallaban en la misma madera del vástago, y que la extraordinaria potencia del arco proporcionaba en empuje difícil de soportar por la madera, se extendió la práctica de insertar una laminilla de cuerno a favor de las vetas de la madera para reforzar ésta y desapareciese el peligro de rotura del vástago al soltar.   Las flechas de reabastecimiento eran transportadas en barriles, por lo general sin las puntas, las cuales eran transportadas aparte y usadas según la conveniencia de la acción.  Si se recuperaba una flecha y esta no había dado en el blanco, era bastante frecuente que ésta hubiese perdido su punta, así que era habitual que el arquero llevase consigo puntas de recambio y un taco de cera con el que rápida y provisionalmente reparaban la flecha y podía ser disparada de nuevo.
Contrariamente a la idea más extendida, no se llevaban a la espalda en un carcaj, sino que se transportaban en un saco de tela. Una vez en su lugar de combate, los arqueros las clavaban en el suelo para un acceso a ellas más rápido

Usándolo en la guerra.

La “pegada” de un longbow era tremenda; disparado con habilidad podía perforar la mayoría de las armaduras de la época cayendo desde lo alto a una distancia de 120 mts.
Se usaba para ello la famosa punta Bodkin en una amplia gama de formatos piramidales y con un enmangue para introducir el vástago de madera.
Hasta aquí la teoría. Ahora había que dispararlo. Parece que los ingleses se entrenaban con ellos desde pequeños, dado lo que se esperaba de ellos, lo cual determinó que cualquier varón inglés fuese un soldado en potencia.
Si observamos las ilustraciones que nos han llegado, se aprecia que agarraban la cuerda con dos dedos, índice y corazón, dedos que enseñaban a los franceses jocosamente para amenazarles de muerte. Así resultaba que si un arquero era apresado, y posteriormente liberado, regresaba sin esos dos dedos. Se dice que ese gesto de mostrar los dedos ha dado origen a la señal de la victoria, aunque esto es más que discutible…No obstante es poco creíble que con arcos tan potentes no se usaran al menos tres dedos para tirar de la cuerda. Tal vez para tirar de lejos en andanadas usasen los tres dedos, ya que la puntería no era tan importante como la saturación, y para tirar de cerca usasen solo dos, para minimizar el rozamiento con los dedos y mejorar la puntería. Se da la circunstancia de que en las ilustraciónes de la época no se aprecia el uso de protectores de dedos, de hecho, en el “Mary Rose” se han encontrado algunos útiles de cuero como protectores de brazo, pero ningún protector de dedos. No era infrecuente que en los protectores de brazo se mostraran motivos heráldicos o simples signos que identificaban al portador como adscrito a una unidad determinada.
En la batalla realmente era un arma muy eficaz. Gracias al longbow los ingleses aguantaron casi dos siglos de enfrentamientos con una cantidad reducida de infantería. Los soldados se colocaban tras una empalizada de estacas afiladas y disparaban con una cadencia de tiro de entre 8 y 10 flechas cada minuto, asistidos por muchachos que a la carrera les proveían de nuevos haces de flechas. Nótese la gravedad del asunto: las alas del ejército inglés en Crecy, en 1.346 estaban compuestas por 8.000 arqueros. Si la velocidad de un caballo de guerra estaba estimada en unos 14 mts. por segundo, en los 300 metros que los jinetes franceses estuvieron a tiro de los arqueros ingleses durante su primera carga les cayeron encima unas 25.000 flechas. Demoledor de necesidad.
La concepción de la guerra había cambiado, y los franceses tardaron toda una guerra, la de los Cien Años en comprenderlo.

Pero también los arqueros ingleses encontraron rivales capaces de derrotarlos. Ello sucedió en las Cruzadas. Los hábiles arqueros a caballo sarracenos, manejando arcos compuestos, pequeños y muy potentes, fueron capaces de neutralizar a los arqueros europeos y revelar sus carencias.
Por supuesto también el arco largo tuvo su ocaso. Hacia finales del siglo XVI el número de arqueros disminuyó drásticamente a medida que se implantaban en los ejércitos las novedosas armas de fuego.

3 comentarios:

  1. Francisco Ortuño Abad23 de febrero de 2012, 1:55

    Estupendo relato, bien documentado e imparcial.
    Ha sido agradable la lectura ¡¡ Enhora buena !!

    Sigue asi

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    1. Gracias Francisco. Se hará lo que se pueda.

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  2. muy bueno, habia leido bastante sobre el tema pero aca hay cosas que no vi en ningun lugar!

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