martes, 12 de octubre de 2010

Los arqueros montados de Eurasia.

INTRODUCCIÓN
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Durante milenios se han producido importantes flujos de población desde el
Este al Oeste, desde las vastas  estepas de Eurasia hacia Europa y desde las
inhóspitas y frías tierras de Mongolia hacia el Sur, avanzando hasta las más
 fértiles y templadas zonas de China.
Estas hordas invasoras trajeron consigo nuevos desarrollos tecnológicos
en la adaptación a formas de vida más duras en sus zonas de origen.
Alguno de estos desarrollos iban a alterar dramáticamente la naturaleza de
algunos aspectos de la vida en las zonas conquistadas, en especial en lo
relativo a la guerra.
Surge así la inevitable cuestión ¿cómo era posible que pastores nómadas a caballo fuesen capaces, tan frecuentemente, de derrotar a ejércitos liderados por profesionales?   Lo más inmediato fue pensar que dado, que se trataba de pueblos  “bárbaros”, eran especialmente feroces y belicosos,  pero realmente la explicación la encontraremos en sus revolucionarias tácticas de combate y una resistencia especial, derivada de lo frugal de su existencia.
Las tres principales características que definían a un guerrero de las estepas eran la habilidad montando, la habilidad disparando con el arco y su capacidad para conducir manadas, generalmente de caballos, casi continuamente.  De este modo, observamos la clara relación entre el caballo y el arco presente en este tipo de sociedades, que basaban sus tácticas de lucha en esta combinación, en especial en los pueblos más antiguos. El uso de la lanza a caballo también comenzó a ganar terreno a mediada que pasaban los siglos, y el uso de infantería siempre estuvo bastante restringido.
El período de tiempo del que hablamos abarca desde las más tempranas evidencias del uso del caballo, aproximadamente 4000 años antes de Cristo hasta las invasiones turcas y mongolas de los siglos XII y XIII de nuestra era y, a pesar del importante lapso de tiempo que abarca, resulta sorprendente cómo las costumbres y modos de vida parecían mantenerse inalterables incluso entre pueblos diferentes debido, tal vez,  a sus orígenes comunes.

                                                
EURASIA, ASIA CENTRAL Y LA ESTEPA.

La mayor masa de tierra que podemos encontrar en el mundo en extensión de Este a Oeste es Eurasia llegando desde China hasta Europa. En su extremo oriental encontramos zonas de China, Mongolia y Siberia y a medida que nos desplazamos hacia el Oeste encontramos Uzbekistán, Turkmenistán, Kazajstán, Kirguistán, Tajikistan, las costas del Mar Cáspio y partes de Afganistán y de Irán, hasta llegar a Ucrania, Rusia y Hungría.  A lo largo de semejante área, nos encontramos con cadenas montañosas, desiertos inhabitables y lo más importante; un océano de hierba: la estepa.
Los desiertos actuaban como una barrera natural que limitaban los movimientos migratorios, aunque, en ocasiones, se formaban estados “oasis” que creaban barreras políticas que a su vez facilitaban los intercambios culturales y comerciales.  Los desiertos y cadenas montañosas definían las rutas entre el Este y el Oeste que frecuentaron las étnias nómadas.  La estepa se convirtió de este modo en una especie de autopista por la que circulaban culturas diferentes y no siempre con fines pacíficos. Se trata, en definitiva, de un extenso mar de hierba de aproximadamente 8.000 km. de largo por unos 1.000 Km. de anchura. El límite Norte queda determinado por la Taiga, una enorme y fría extensión boscosa, y al Sur por desiertos como el de Gobi o el de Takla Makan y algunas cadenas montañosas como la de Tien Shan y la cordillera del Pamir.
A pesar de que la estepa proporcionaba a sus habitantes el alimento necesario para mantener a sus manadas de animales, la vida resultaba dura y en este contexto, es fácil que se produzcan migraciones hacia tierras más fértiles y ricas, en este caso, Europa y China. La Gran Muralla fue construida para defenderse de los continuos ataques de los Hsiung-Nu, los cuales se entiende que fueron los conocidos hunos.


ESPECTRO HISTÓRICO Y GRUPOS TRIBALES

La estepa vio nacer y desaparecer  tribus y confederaciones tribales con culturas muy similares, las cuales irrumpieron en el mundo exterior en olas migracionales a lo largo de siglos.
Estos pueblos pueden clasificarse en tres grupos básicos, atendiendo al origen de sus idiomas. Hablaremos de este modo de Indo-iránios, Túrquicos y Mongóles.
Los habitantes más tempranos de los que tenemos conocimiento fueron de habla Indo-iránia y se trataba de Cimerios, Escitas (Saka para los persas, nombre dado a una de sus principales tribus), Sármatas y Álanos.   Estos fueron seguidos en el tiempo por los de habla túrquica, como fueron los Hunos, Ávaros, Kázaros, Pechenegos, Uzbecos, Búlgaros, Cúmanos, Bashkires y Magiares, éstos últimos incluidos en este grupo por su fuerte “turquificación”, ya que su lengua provenía de una zona del norte de la actual Rusia, la cual era habitada por tribus denominadas Finno-Ugrianas.

Más tarde llegaros los Mongóles, seguidos rápidamente por grupos turco-mongoles  (fuertemente emparentados con sus predecesores)  y por tribus otomanas.
Estos pueblos, a lo largo del tiempo, interactuaron frecuentemente con sus contemporáneos. Asentamientos de Asia Central, como Sogdiana, Báctria o Kushan, zonas fronterizas de China y pueblos de origen caucásico, como los Urartos, Arménios, Persas, Griegos, Romanos y Bizantinos, así como principados de la Rusia medieval  tuvieron contactos con estos pueblos, tratando de mantener un equilibrio político que mantuviese una paz que se rompía con excesiva frecuencia.
Partida de guerra escita.
El primer pueblo del que tenemos una amplia información es el de los Escitas, los cuales son mencionados con frecuencia en la literatura de la Grecia clásica, especialmente en la obra de Herodoto, el cual menciona también a los Cimerios, pueblo de raíces y costumbres desconocidas que habitó la zona esteparia próxima a Europa y que fueron desplazados o tal vez absorbidos por los propios Escitas. Tal fue el poder de este pueblo nómada, que se atrevieron a atacar en coalición con los Medos a la misma Asiria, y también de desplazarse hacia el Oeste para chocar contra los reinos de Tracia (actual Bulgaria) y más tarde contra Macedonia.
Jinete sármata
Herederos de los Escitas, fueron los Sármatas, un pueblo estrechamente relacionado con los Medos y los Persas que vino del Este y que logró adueñarse del territorio que ocupaban. Realmente, los pueblos nómadas no tenían más concepto de dominio que fuera más allá de la tierra que pisaban sus rebaños, así que resultaban fácilmente desplazables, aunque no tan fácilmente derrotables y ese puede que haya sido el secreto del éxito de su forma de vida.
Los Sármatas causaron grandes quebraderos de cabeza a los generales romanos, dado que eran una caballería excelente, e impresionaron tanto a éstos que, tras su derrota, fueron reclutados por el ejército romano como caballería auxiliar pesada, sirviendo en puntos tan alejados como las zonas conquistadas en las islas británicas, siempre en guerra por las incursiones celtas (pictos)
y  por las invasiones de pueblos germanos desde el continente, como los Sajones.  El ejército romano terminó por adoptar el concepto sármata de caballería pesada, los “catafractos” (hombre y caballo fuertemente protegidos por armaduras) como arma principal, en detrimento de la infantería.
Los remanentes de los pueblos Sármatas que quedaron en la estepa se vieron desbordados por los grupos germánicos que se desplazaban ante el empuje de las hordas de Atila y los hunos.

El origen de los hunos es incierto, aunque, como hemos mencionado anteriormente, se cree que se trataba de los Hsiung-Nu de los antiguos textos chinos.  Parece tratarse de un conglomerado de tribus turco-mongolas, que aterrorizaron Europa hasta la muerte de su líder más carismático, Atila, tras lo que se disgregaron, estableciéndose muchos de ellos en la actual Hungría.
Sorprendentemente, los romanos y los Godos se vieron obligados a aplazar sus disputas y guerras para aliarse contra los hunos y súbditos germanos de Atila, al que derrotaron en los campos Maur íacos, en el norte de la actual Francia.
Al desaparecer de escena los hunos, vinieron a sustituirles los Ávaros, un pueblo muy similar a ellos en fiereza y costumbres, y también, grandes arqueros a caballo. Se da la circunstancia de que éste pueblo, además de incursionar en los territorios vecinos, fueron los primeros nómadas capaces de crear una especie de estado rudimentario. Fueron unos vecinos muy incómodos del imperio bizantino, el cual aprendió de ellos técnicas de caballería, el uso de estribos, mejores sillas de montar y ropas más adecuadas para ello, así como la producción y uso de arcos de mejor calidad.
Tras los Ávaros, emergieron otras tribus de origen turquico, como  los Kázaros, Uzbecos,  Búlgaros, Magiares, Ongutos, Pechenegos, Turkmenos, Seljuks, Kazajos, Kipchaks, Tártaros, Otomanos y otros grupos menores.
Finalmente, fueron los Mongóles los invasores más exitosos, con ejércitos eficientes y organizados, en los siglos XII y XIII. El imperio Mongól acabó por dividirse entre los sucesores de Gengis Khan y ello facilitó que reemergiesen grupos turco-mongoles como los Kipchak (llamados en Europa Cúmanos), el reino de Timur-i-lenk (Tamerlán) o los Turcos otomanos.
Batalla de Liegnitz, en 1241, en la cual los mongoles derrotaron a los caballeros de Enrique "El piadoso" en su invasion de Europa al mando de Batu Khan, nieto de Genghis Khan.

EL ARCO

El arco de una sola pieza de madera es el viejo estándar usado hace miles de años, en ocasiones reforzado con tendones encolados por su cara exterior o incluso construido laminando tiras de la misma madera, todo ello para añadir potencia extra. Lo más usual es que estos arcos se fabricasen en tejo, al igual que los arcos medievales europeos, con su mejor exponente en el longbow inglés.

El hecho es que en Eurasia no hay tejos, de hecho, las maderas disponibles son de baja calidad y ello obligó a los habitantes de aquella zona a desarrollar una técnica de construcción de arcos bastante particular, la cual se basaba en la combinación de materiales.
Se cree que el arco compuesto se originó hacia el 1.500 a. de C., pero es difícil llegar a una datación más fiable. Posiblemente sea anterior, ya que parece poco probable que se idease con todas sus características técnicas añadidas a la vez. Tal vez la característica más llamativa sea la incorporación al diseño de unas “palancas” de madera al final de ambos brazos del arco en las cuales se insertaban las gazas de la cuerda, Esta peculiaridad añadía más potencia a la vez que permitía acortar el arco, facilitando su uso a caballo.



No existe una palabra en nuestro idioma para denominar dichas palas, por lo cual usaremos su nombre más conocido: “siyahs”. Hay que especificar que los primeros pueblos conocidos en poblar las estepas viviendo como nómadas no añadían esta innovación, un tanto más tardía, a sus arcos. Gentes como los Escitas o los Sármatas añadieron potencia extra a sus pequeños arcos recurvando las palas, diseño que nos resulta bastante más familiar. A pesar de ello, se ha encontrado un arco con “siyahs” rudimentarios cerca del lago Baikal y se ha datado en 500 años a. de C., momento de plenitud del pueblo Escita.

Entre los materiales habituales encontramos madera, cuerno, tendón, cuero, bambú y hueso. Por lo general, la madera y el bambú eran usados para crear una estructura ligera o núcleo de soporte
sobre el que construir el arco. Este soporte no necesitaba ser particularmente fuerte, ya que en el tiro experimenta fuerzas de tensión y compresión mínimas, aunque era importante seleccionar bien la madera con la veta adecuada para prevenir deformaciones en el proceso de construcción. Por esta razón, el bambú era muy apreciado siempre que se podía disponer de él dada la carencia de vetas. Este núcleo de madera era sometido a calor y humedad para darle forma y podía estar hecho de diversas piezas de madera, a menudo arce, abedul o morera. En la cara interna del arco se pegaba una lámina de cuerno, la cual no solo actuaba como refuerzo. Se trata de un material que ofrece un buen grado de compresión y una alta resistencia, además de poder retornar rápidamente a su forma original liberando toda la energía compresiva acumulada. El cuerno de búfalo y el de íbice eran muy apreciados y eran recortados hasta lograr una pieza con la forma y tamaño precisos. Después se hervían para ablandarlos temporalmente y poder trabajarlos con mayor facilidad.  Una vez obtenidas las piezas necesarias, se les practicaban unos surcos longitudinales al igual que se hacía con la madera, a fin de aumentar la superficie de contacto  entre ambos materiales. Esta operación se realizaba mediante una herramienta similar a un peine.
Después se pegaban con cola obtenida hirviendo largamente partes desechadas de pescado, siendo la vejiga natatoria la parte más apreciada. Este pegamento tenía la particularidad de impermeabilizar hasta cierto punto el material.  Una vez puestos en contacto ambos materiales se forzaba la curvatura contraria a la del arco y se dejaba secar la unión en esa forma atando fuertemente los materiales. Se dice que este secado podía durar más de dos meses, siempre buscando las condiciones de humedad y temperatura más favorables.
Por otro lado, la cara exterior era reforzada mediante tiras realizadas con fibras obtenidas al secar y deshacer tendones de animales y unirlos de nuevo entre si y posteriormente al arco mediante la misma cola descrita.  El tendón tiene la capacidad inversa al cuerno, actuando como una goma elástica, la cual tras deformarse estirando, regresa a su forma anterior al cesar la tracción, uniéndose así al empuje del cuerno.
Tras obtener la forma básica del arco, éste era recubierto con tiras de piel o corteza de abedul para protegerlo de la humedad. Tras este complejo proceso, el cual consumía varios meses, el arco estaba listo. El resultado era un arco extremadamente fuerte y flexible, el cual permitía que el arco estuviese encordado bastante tiempo sin sufrir deformaciones ni debilitarse. Como hemos mencionado antyeriormente, esta técnica se aplicada en arcos con siyahs o con las puntas de las palas recurvadas.

Por último tenemos la cuerda, la cual era frecuente confeccionar en crin de caballo, fibras vegetales y si era posible, con seda, la preferida más adelante por los expertos arqueros turcos.
Lo más habitual era llevar varias cuerdas hechas con distintos materiales, y dependiendode las condiciones climáticas se usaban unas u otras. Por ejemplo, las de crin de caballo eran perfectas para el frio, y las de origen vegetaleran mejores para calor y clima seco, ya que absorbían demasiada humedad ambiental.


LAS FLECHAS
Existían una gran variedad de tipos de flechas, las cuales se construían originalmente con puntas de hueso o piedra, siendo pronto reemplazadas por las de metal. Como en otros lugares, se fabricaban  varios tipos de puntas que eran elegidas dependiendo de su uso. No era igual disparar a un ave en vuelo que a largas distancia, o contra una armadura.
Existen textos de cronistas romanos que nos indican que las puntas de hueso eran muy comunes.
Dada la época, hay que entender que por razones de economía, el metal nunca acabó de desplazar totalmente a materiales más económicos y más sencillos de trabajar.
No obstante, las puntas de bronce fueron ampliamente usadas en la caza y en la guerra en una amplia gama de formatos. También desarrollaron la técnica de hacer acanaladuras en las puntas de flecha que se rellenaban con veneno. Los Escitas enterraban una mezcla de carne, sangre humana y veneno de un tipo concreto de serpiente y lo dejaban macerar hasta la putrefacción.
Una punta de flecha típica escita era la trilobada (con tres alas) similar a las empleadas por los chinos, y las encontramos con arpón o sin él. Otros pueblos como los mongoles eran muy dados a emplear flechas con puntas silbadoras hechas de madera. Un diseño bulboso y hueco, con ranuras por las que entraba el aire y producía un silbido característico. Eran empleadas para comunicarse mediante señales acústicas. Los turcos parecen haber mostrado predilección por las puntas en forma de hoja en y los hunos un diseño romboidal con un perno metálico que se insertaba en el vástago de madera.  Aparte de esto, los tipos de puntasde flecha usados en Asia central variaban enormemente en diseño y resultaría erroneo atribuir un tipo concreto a un determinado pueblo, más si pensamos que debió tratarse de un artículo muy común con el que comerciar, complicando todavía más la determinación de su origen.
Los vástagos estaban hechos en caña o junco y también en maderas como el abedul. Las flechas de junco eran ligeras, volaban lejos y eran fáciles de construir pero, obviamente, eran mucho más frágiles que las de madera o caña, las cuales resistían mejor los impactos y eran reutilizables en muchas ocasiones. Para el emplumado eran preferidas las plumas de aves acuáticas y podían ser de dos, tres o cuatro plumas, dependiendo del uso de la flecha. Curiosamente, se sabe que en algunos casos usaban un emplumado helicoidal, el cual, como sabemos, imprime a la flecha una rotación en pleno vuelo, lo cual la hace más estable.
Para que el disparo sea efectivo la flecha ha de estar bien construida. Un mal arco manejado por manos habilidosas puede hacer volar correctamente una buena flecha, pero nunca un buen arco hará lo propio con una mala flecha. Para ello, se debe fabricar la flecha acorde a la potencia del arco y las particularidades físicas del arquero, de modo que no resulte ni demasiado ligera ni demasiado pesada, ni larga, ni corta , lo cual nos indica que un arquero debe usar unas flechas con unas características muy determinadas. Contrariamente a esta afirmación encontramos la táctica de combate usada por los Partos de Asia menor, enemigos mortales de los romanos, la cual consistía en huidas fingidas a caballo que se realizaban para reaprovisionarse de flechas una vez agotadas las suyas y regresar al punto anterior para realizar nuevas descargas de saetas sobre sus desprevenidos enemigos. Es de lógica pensar que en este caso, las flechas serían todas iguales o muy similares para dar más rápidez a la recarga, con lo cual, sería el arquero el que debería adaptar su forma de tirar al proyectil entregado, el cual no necesariamente sería el idóneo.Este aspecto resulta menos importante en esta táctica debido a que no se tataba de hacer puntería, sino de hacer caer una lluvia de flechas sobre el enemigo, con los devastadores efectos que todos podemos suponer.

CARCAJS PARA FLECHAS Y PARA ARCOS

Aunque con variaciones, es normal que los diseños de tipos de carcajs se repitan a través del tiempo y en culturas distintas, reduciéndose a unos modelos prácticos, más o menos decorados y con el sello propio del grupo humano que lo utilizó.  A pesar de ello, encontramos un carcaj muy peculiar en la cultura de los nómadas de la estepa, un diseño al que los griegos llamaron “gorytos”.  Se trataba de algo más que un carcaj, era una funda para transportar el arco encordado, la cual dadas las reducidas dimensiones de estos arcos, no necesitaba ser muy grande, además de que quedaba la mitad superior del arco al aire para su rápido uso. En la parte frontal de dicha funda, se hacía un bolsillo (o varios) en vertical, en los cuales se introducían las flechas. Por otro lado, no era infrecuente encontrar un pequeño compartimento para introducir una pequeña daga.  Este modelo de carcaj se llevaba colgando del cinto y resultaba muy práctico para los jinetes arqueros.  Se trata de un diseño que conservaron también los Sármatas e incluso los jinetes del imperio parto, en tanto que otras étnias se conformaban con llevar un simple contenedor colgado en bandolera.
De cualquier modo, al caer el gorytos en desuso, se dieron dos modelos básicos entre los pueblos sobre los que tratamos. El primero era tan solo un diseño tubular y el segundo un modelo cónico, ancho en su base, plano, y con una solapa que podía tapar las flechas para su mejor conservación. Se hacían con esta forma porque las puntas de flecha quedaban hacia arriba, para ser identificados los diferentes tipos con rapidez, por lo tanto, la parte inferior necesitaba ser más ancha para albergar el emplumado sin que éste sufriese daños importantes. Este tipo de carcaj era el usado habitualmente por los mongoles.  Se fabricaban en materiales perecederos, como piel, madera, corteza de árbol y otros materiales de origen animal o vegetal, de modo que las evidencias arqueológicas son raras, resultando más fácil estudiarlos gracias a las escasas representaciones gráficas de la época.  Si se preveía que el arco no se iba a necesitar en breve, éste era desencordado y guardado en fundas de tipo tubular hechas de piel que lo cubrían por entero, a veces, muy decoradas.

ALCANCE DEL ARCO

Hoy podemos conocer algo acerca del alcance de los arcos antiguos gracias a los hallazgos arqueológicos y hechos recogidos en libros antíguos. En la llamada “Piedra de Genghis Khan”, el más antíguo monumento de piedra con inscripciones mongolas datado a principios del siglo XIII de nuestra era, se menciona a un arquero llamado Esukhei del cual se dice que disparó una flecha en una competición que alcanzó , en nuestras medidas, el equivalente 536 metros. Mil quinientos años antes, usando también un arco compuesto, un tal Anaxágoras, habitante de Olbia, una de las colonias griegas del Mar Negro, alcanzó los 522 metros. Estas distancias son impresionantes y reveladoras, e indican las potencias alcanzadas por el arco compuesto mongol en el primer caso y por el arco escita en el segundo. No obstante, se cree que el alcance efectivo de estos arcos no iría más allá de los 175 metros en arcos muy potentes, aunque a una distancia de 50 o 60 metros resultarían letales. De todos modos, seguramente nunca se esperó de la arquería una efectividad de una baja enemiga por disparo.
Se presupone que el mayor número de bajas causadas por disparos de arco eran heridas no siempre mortales, pero si lo suficientemente incapacitantes como para apartar del combate al enemigo alcanzado. Esto queda patente al pensar que en las batallas lo habitual eran las sueltas masivas de flechas en dirección al enemigo, sin escoger un blanco en concreto. Una lluvia de flechas sobre una formación, cayendo desde arriba en lugar de llegar de frente, causaba estragos en las filas, aunque se tratase principalmente de heridas, desconcertando y desmoralizando a las tropas.  Los arqueros de la estepa eran maestros en la técnica de disparar con una gran elevación, superando los 45º, de manera que las flechas cayeran casi en vertical sobre el enemigo. Resultaba una técnica muy eficaz, sobre todo si el enemigo estaba agrupado. Estaban entrenados para disparar una saeta cada 5 segundos, por lo que podemos imaginar que la provisión de flechas debía ser abundante. A pesar de ello, a esta velocidad de disparo, las flechas se acabarían muy pronto si no se hacía un uso racional. El general parto Surenna derrotó a los romanos en la batalla de Carrhae gracias a que organizó un eficiente sistema de reabastecimiento de flechas a sus jinetes.

LA APERTURA


La apertura es una técnica básica que todo arquero debe dominar. Los pueblos de las estepas usaban, al igual que los asiáticos, la llamada apertura de pulgar (thumb-draw), también llamada apertura mongola, muy diferente a la mediterranea, la cual se efectua tirando con los tres dedos centrales de la mano de cuerda, el indice sobre el punto de enflece y corazón y anular por debajo, y se trata de un método muy fácil de aprender.
Apertura con el pulgar (izquierda) y mediterranea (derecha).
La apertura de pulgar se efectuaba usando el pulgar para tirar de la cuerda, ayudandose de los demás dedos para cerrarse sobre el pulgar y añadir sujección extra. Se trata de un sistema más dificil de dominar, pero para gente que prácticamente nacía con un arco en las manos, esto no era un problema. Tomando como referencia un arquero diestro en la forma mediterranea, la flecha se dispara por la parte izquierda del arco, en tanto que en la forma que usa el pulgar se hace por la parte derecha y apoyando la flecha sobre el pulgar de la mano de arco con lo cual la flecha descansa sobre una base y es más dificil que se caiga al tumbar ligeramente el arco hacia la derecha, a lo cual contribuye igualmente la ligera rotación hacia la izquierda que se imprime de forma natural a la cuerda al realizar la apertura, comprimiendo suavemente la zona distal de la flecha contra el cuerpo del arco. Esta forma de apertura fue desarrollada seguramente para ser usada con arcos cortos (aunque los largos arcos yumi japoneses también la utilizan). Cuando se realiza la apertura es inevitable un cierto grado de pinzamiento del culatín de la flecha con los dedos, el cual se incrementa cuanto más cerrado sea el ángulo que forma la cuerda al tensar el arco. Arcos cortos y aperturas que llevaban la mano de cuerda hasta el hombro; era preciso usar una técnica que involucrase menos dedos que estorbasen en la suelta. Se trata de una apertura rápida y eficaz y que en la suelta previene golpes en el antebrazo, ya que el componente de fuga que la cuerda lleva en su avance es hacia el otro lado, al resbalar por el pulgar hacia fuera.
Los persas desarrollaron sus propios metodos de apertura, con diferentes sistemas de agarre de la cuerda, cosa que curiosamente, se observa de igual manera en las formas de arquería de los nativos de norteamérica. Uno muy curioso es mantener el dedo índice sobre la flecha, para poder sujetarla mejor mientras cabalgaban.   En los arcos largos europeos este problema no se presenta, ya que el ángulo formado por la cuerda es grande y previene el pinzamiento, además, lo normal era que el arco fuese usado por soldados de infantería.
Para que la apertura de pulgar sea más comoda, se usaba un anillo que se colocaba en el pulgar que tiraba de la cuerda, para protegerlo. Estos anillos podían estar hechos de diversos materiales, aunque lo usual era el cuerno y, ocasionalmente, el metal. Algunos se diseñaban para que la cuerda quedara encajada en una ranura o depresión dentro del anillo a modo de ayuda. Al realizar la suelta, la cuerda resbalaba por el anillo pulido logrando una suelta muy eficiente. Lo habitual era que este anillo tuviese una pequeña dragonera para llevarlo colgado de la muñeca cuando no se usaba.

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