lunes, 15 de noviembre de 2010

ARQUERIA TRADICIONAL EN EL JAPON

         
Algo de música para ambientar la lectura


A pesar de que lo más usual es pensar en un samurai empleando una espada, realmente, desde tiempos remotos, el arma distintiva del guerrero japonés de clase alta es el arco (YUMI). En un interesante reverso del concepto europeo medieval, el cual consideraba al arquero un soldado de clase baja, los japoneses observaban su uso como un privilegio. Los "Bushi" (guerreros) de clase alta estaban encantados de que sus logros con el arco fuesen divulgados, en tanto que, sorprendentemente, no tenían ningún interés en que se comentasen sus habilidades con la espada.
La concepción, desarrollo e historia de la arquería japonesa es tan extensa que haré breves referencias a los aspectos que más me han llamado la atención o considero más interesantes.
Miles de años de nuestra era, los habitantes de las islas del Japón ya usaban el arco y la flecha para la caza y la guerra. Los dos arcos más antiguos encontrados están datados en aproximadamente 6.500 años a. de C. y medían aproximadamente 1,30 metros de longitud. Más numerosos son los del período "Jomon", de unos 1000 años a. de C., con medidas cercanas ya a los 2 metros. Los arqueólogos han encontrado puntas de flecha de obsidiana de la Edad de Piedra, pero los primeros datos de la práctica del tiro con arco como deporte datan del siglo VII de nuestra era. Se tiene constancia de que el emperador Tenmu promovía competiciones de tiro a caballo entre los miembros de su corte, siendo éste probablemente el nacimiento del YABUSAME o competición de tiro a caballo.

El arco Yumi es extraordinariamente largo y es asimétrico. Aproximadamente dos tercios del arco quedan por encima del punto en el que se empuña el arco. Todavía hoy se discute cual es la razón de esta asimetría, barajándose la posibilidad de que la causa fuese una mayor facilidad al usarlo sobre un caballo. Actualmente, se acepta que el diseño asimétrico se desarrolló durante el período "Yayoi". A lo largo del tiempo, la forma de elaborar estos arcos evolucionó como se detalla en este cuadro.



EVOLUCION DEL YUMI

PERIODO
 TIPO DE ARCO
    MATERIALES
Prehistoria
Maruki
Una sola pieza de madera
c. 800 - 900
Fusetake
Madera con frente de bambú
c.1100
Sanmaiuchi
Madera con frente y trasera de bambú
c.1300 - 1400
Shihochiku
Madera totalmente rodeada de bambú
c. 1550
Sanbonhigo (Higoyumi)
Núcleo de tres piezas laminadas de bambú, con laterales de madera y frente y trasera de bambú
c.1600
Yohonhigo (Higoyumi)
Difiere del anterior en tener 4 láminas de bambú
c.1650
Gohonhigo (Higoyumi)
Difiere del anterior en tener 5 láminas de bambú
c.1971 - actualidad
Fibra de vidrio
Nucleo de madera, fibra de vidrio al frente y trasera


El arco adquirió con el tiempo una dimensión esotérica en Japón, la cual se conserva hasta hoy, y todos los clanes desarrollaron una larga variedad de ceremoniosas competiciones en las que participaban desde nobles hasta guardias del señor feudal, la mayoría de las cuales estaban profundamente influidas de una gran espiritualidad.

El entrenamiento a caballo, naturalmente, era más aristocrático en naturaleza y tradición que el entrenamiento desmontado. Se exigía una gran coordinación para controlar el disparo a galope de un caballo para alcanzar una serie de objetivos que podían ser fijos o móviles. Entre las formas más populares estaban el tiro contra tres tablillas de madera (Yabusame), tiro contra un sombrero de bambú (kasagake) , tiro al perro (Inuomono), caza del perro (inuoi), caza del pájaro (oitorigari) y la caza mayor de ciervos, jabalís u osos (Makigari). El tiro contra tres objetivos (Yabusame) suponía lanzar el caballo a galope en una dirección preestablecida disparando flechas contra tres objetivos, constituidos cada uno por una tablilla cuadrada de 8 mm. de espesor y unos 30 cm. de lado, colocada en forma romboidal sobre una estaca a lo largo del recorrido del caballo. Explicaré esta disciplina porque es la que hoy perdura y la del "Inuomono" por lo curioso que resulta.
El Inuomono era una competición consistente en soltar un cierto número de perros en una plaza cerrada para darles muerte a caballo. Este particular sistema de entrenamiento evolucionó hacia una práctica ritualizada en la que 36 arqueros montados eran divididos en tres grupos de 12 jinetes Cada grupo de 12 jinetes se situaba en una zona central de espera delimitada por una cuerda dispuesta de modo circular que contenía tierra de colores. En ese momento se liberaban 50 perros de color blanco para el grupo, que salía a darles caza dentro de un perímetro vallado de unos 72 metros. La repugnancia que aquella carnicería provocaba en los primeros europeos que llegaron a Japón se unió a la influencia creciente del budismo en la sociedad japonesa se tradujo en edictos que ordenaban usar flechas que solo golpeaban a los perros, mientras que a los perros se les protegía con fajas acolchadas para minimizar el traumatismo. No obstante, muchos de los animales morían.
Representación de época de una competición de Inuomono.


Flechas y carcajs

El fabricante de flechas ( YA-HAKI ) también ofrecía a los Bushi una amplia variedad de flechas (YA), cuyos vástagos de junco eran de longitudes variables y desde luego muy largos, dada la gran apertura que permiten los arcos Yumi. Los emplumados son bastante largos, en consonancia con el resto de la flecha. La variedad de puntas es amplísima de acuerdo con su función específica. Por ejemplo, para practicar contra un objetivo, era frecuente que se usaran puntas de madera en forma de pera similares a las usadas para golpear a los perros en las competiciones de Inuomono, a fin de proteger las más costosas puntas metálicas.
Otras interesantes puntas de flecha eran las silbadoras, supuestamente derivadas de modelos chinos, consistentes en una recamara hueca agujereada convenientemente para que al volar la flecha, el aire que circulaba por ella produjese un silbido. Esto las hacía idóneas para las señales acústicas. Con ciertas modificaciones podían usarse como flechas incendiarias.

El acero, templado con una gran calidad era el principal material empleado para las puntas de flecha, las cuales podemos dividir en base a su forma, por ejemplo:
Yanagui Ba, o de hoja de sauce; Togari Ya, o puntiaguda; Karimata, o bifurcada; Watakushi, desgarradora.
Los ejemplares de puntas conservados, dan una idea general de la gran variedad de puntas existentes, cada una de las cuales estaba pensada para una finalidad muy concreta dentro del altamente especializado mundo del Japón feudal.

En cuanto a los carcajs (Yebira), a lo largo del tiempo se dieron muchos tipos de ellos; cerrados abiertos, cubiertos, ideados para llevar las puntas hacia arriba, para la caza, para la guerra, incluso uno curioso denominado Heriroku, que era usado en ciertos castillos feudales por los guardias del mismo, en el cual, las flechas quedaban dispuestas como si fuesen la cola de un pavo real.
Kari-Yebira


El tipo de carcaj más conocido era el Kari – Yebira, para espalda o semi –lateral, consistente en un pequeño recipiente, generalmente una cesta en el que se colocaban las flechas boca abajo, llevando más arriba sujetos los vástagos por un sistema de cordaje. El movimiento para extraerlas era tirar del vástago hacia arriba para extraer del cestillo la punta de la flecha y sacarla hacia fuera, para posteriormente y con un segundo tirón hacia abajo, extraer la flecha del sistema de sujeción por cuerda a favor de la pluma, es decir, sin deteriorar esta.


Los siglos XV y XVI fueron testigos del empleo de arqueros a mayor escala en las batallas, actuando como unidades compactas como en Europa, que mantenían una lluvia constante de flechas sobre el enemigo alternándose en grupos que enviaban sus andanadas mientras se avanzaba sobre éste. Esta fue una enseñanza derivada de la mente de grandes guerreros que se encontraron distanciados de sus tropas y bajo una lluvia de flechas disparadas contra ellos por los ejércitos invasores de la China gobernada por los mongoles en los siglos precedentes.
Los Bushi más prudentes avanzaban sólo para desafiar a sus iguales del lado opuesto, tras haber debilitado sus arqueros las líneas enemigas, incrementando así sus posibilidades de presentar el desafío a una distancia razonable.
La aparición de armas de fuego y su empleo a gran escala redujo mucho la importancia estratégica de la arquería, pero incrementó su importancia como reliquia nacional.
Como he comentado anteriormente, el tiro con arco ceremonial se desarrolló casi simultáneamente a su uso militar y en consecuencia estaba impregnado de la misma tradición. Las ceremonias sagradas que conmemoraban el nacimiento de Japón como nación (mencionadas en los primeros documentos del emperador Seinei en el año 483 de nuestra era) incluyen concursos aristocráticos de tiro con arco, generalmente celebrados en palacio o incluso en santuarios sintoístas.

Yabusame
Estas competiciones, cuya tradición se mantiene hoy en el pintoresco Yabusame, ejecutado cada año a mediados de Septiembre en Kamakura y en Tokio, vinculan el arco y la flecha con el principio de la raza Yamato. En la celebración del año nuevo (Harai) pueden verse otros usos ceremoniales, los cuales se dice que tienen su origen en la familia imperial en el siglo V de nuestra era. Igualmente famoso es el tañido de la cuerda del arco, cuyas vibraciones son un buen auspicio para un recién nacido de la familia real. También existe la costumbre de dar la bienvenida a un recién nacido con el disparo de una flecha silbadora, que dicen que ahuyenta a los malos espíritus y a las enfermedades.

Más allá del uso como instrumento de combate o elemento ritual, está su empleo como elemento de coordinación e integración que implicaban la personalidad del guerrero en su sentido más amplio (física, mental y espiritual). Se trataba del paso más complejo. Conocida como KYUDO, esta disciplina se basa en principios filosóficos del Budismo y del Taoísmo, interpretadas de un modo específico y adaptadas a la mentalidad japonesa por las distintas escuelas esotéricas de ZEN, que la clase militar consideraba tan favorablemente y que aceptó de una forma decidida.


El ZEN dio a esta disciplina de integración unos ejercicios especiales de concentración e interiorización con el propósito de estabilizar la mente y asegurar un control positivo sobre cada acción. Presentaba también unas técnicas y ejercicios de respiración abdominal que podían emplearse para el desarrollo de la fuerza necesaria para tensar, dispara y seguir la flecha hasta su objetivo. En resumen, el arte del arco en Japón puede considerarse como una serie de técnicas de control mental y coordinación física. Actualmente, esta disciplina se ha extendido a muchos países, siendo una actividad que goza de gran prestigio y respeto en Japón actual, siempre tan cuidadoso de sus tradiciones.

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