domingo, 7 de noviembre de 2010

HACIENDO EL INDIO

¿Música de indios? Pues pincha aquí.

Una carreta huye por la pradera, perseguida por unos cuantos indios salvajes pintarrajeados y a caballo, dando grititos ridículos y lanzando flechas a diestro y siniestro, mientras esperamos escuchar la corneta de algún regimiento de caballería que acude al rescate…

La industria cinematográfica ha retratado al nativo americano como un ser inferior, malvado y ridículo, cuando no grotesco. (Haré la excepción de “Bailando con lobos”). Afortunadamente, hoy, quien lo desee puede acceder a la información necesaria para sustituir esa imagen deformada por una más real y digna, de unas étnias de las cuales deberíamos haber sabido tomar algunos ejemplos. Respeto a la figura del anciano y su experiencia, respeto a su entorno natural del cual dependían y en el cual estaban absolutamente integrados y valores familiares que se hacían extensivos a todos los miembros del clan. Todos cuidan de todos. Y esto podemos hacerlo extensivo a todos los pueblos “primitivos” del mundo los cuales tuvieron la desgracia de toparse con colonizadores europeos en su mayor parte pobres e incultos en busca de mejores oportunidades en tierras lejanas y dirigidos por líderes con tanto exceso de avaricia como carentes de escrúpulos.
Les creímos inferiores y les llamamos salvajes, y los impusimos a golpe de espada y arcabuz nuestra desordenada forma de vida, nuestras enfermedades y nuestros desviados valores.


Estoy leyendo un libro que tiene bastantes años, titulado “American Indian Archery”, de un tal Reginald Laublin. Está en Inglés, y como lo tengo algo oxidado me cuesta un poco, pero merece la pena hacerlo por que es de lo más interesante.
Es curioso comprobar como, incluso entre los practicantes de tiro con arco, la arquería nativa americana parece no tener ninguna consideración como sí la tienen los arcos orientales, y es una gran desconocida, y eso que pensar en un arco y una flecha nos suele llevar a dos imágenes, Robin Hood y un indio a caballo. Sorprendentemente, el nivel tecnológico alcanzado por los nativos americanos, especialmente los del Norte, tiene muy poco que envidiar a la fabulosa arquería oriental. Arcos rectos, de tips recurvados, reforzados con tendones de animal, compuestos…… unos maestros, vamos.
Lo que viene a continuación no es más que una breve reseña que he extraído del citado libro, pero me ha parecido interesante por los datos que proporciona, sin entrar en métodos ni técnicas arqueras que no creo que vengan a cuento.
Por otro lado tengo que decir que no me he podido resistir a poner unas ilustraciónes de Frank Mcarthy, las cuales creo que son de lo mejorcito que se podía encontrar para esta entrada. También os pongo un enlace a un texto que no tiene desperdicio: Mensaje del gran jefe Seattle al presidente de los EE.UU. de América, Franklin Pierce.   http://www.arcobosque.com/seattle.htm

ARQUERÍA NATIVA AMERICANA
"Vosotros los blancos siempre estais haciendo preguntas, nunca os limitais a observar y observar.
Suele ser posible aprender lo que hay que saber, observando y escuchando."
(Anciano nativo americano)



Nadie conoce con certeza de qué manera llegó a América el uso del arco, pero su uso se extendía por todo el continente cuando llegó el hombre blanco. En el hemisferio norte, podemos encontrar un amplio abanico de calidades, desde los arcos muy pobres hasta los refinados arcos construidos en el Noroeste de la actual Norteamérica. Algunos podían rivalizar en diseño y belleza con los antiguos arcos clásicos.
Seguramente, el arco llegó desde Asia en migraciones posteriores a las que colonizaron el continente por primera vez.
Los únicos arcos construidos con refuerzos hechos de tendón fueron hallados en Norteamérica, entre las tribus de las praderas, las montañas rocosas y California. Algunos de ellos son sorprendentemente parecidos a ciertos diseños de origen asiático.
Los arcos más toscos provienen de la zona amazónica. Tal vez el primitivismo de estos nativos sea la causa de ese escaso desarrollo. No obstante, debemos destacar la longitud de sus arcos y sobre todo de sus flechas más parecidas a jabalinas.
El único lugar del mundo donde el arco parece no haberse usado es en Australia. Este continente aparentemente se quedó aislado del resto del mundo cuando las grandes placas de hielo se fundieron, antes de que la idea del arco se materializase.
Existen teorías acerca del nacimiento de este invento. Nada prueba que no se tratase de una idea independiente, nacida de la mente privilegiada de un individuo, la cual fue extendiéndose rápidamente.
Ciertamente, el arco rozó la perfección entre los pueblos turcomanos de Asia Menor, pero incluso ellos, trajeron el arco consigo desde Asia Central. Hay quien sostiene que el arco nació en Asia y que se extendió gradualmente al resto del mundo. Su desarrollo final en varias regiones dependió de la cultura y posibilidades del grupo étnico que lo recibía, su importancia en su modo de vida y de los materiales disponibles para su elaboración, así como las condiciones climáticas de la zona.
El arco parece haber sido conocido por los pueblos de la Polinesia, pero abandonado, en parte por las calidades de la madera disponible y, más probablemente, por la forma de entender la guerra, la cual se trataba como un asunto de contacto personal en lugar de la destrucción del enemigo a distancia.

Existen una serie de ideas tan preconcebidas como equivocadas acerca de los nativos americanos y ello se hace extensivo al tema de la arquería, haciéndose necesario corregir algunos conceptos.
La arquería india ha tenido que soportar una mala reputación, habiéndose tachado de “inferior” por los expertos, en base a la creencia de que los arcos son de baja calidad y los arqueros, malos tiradores. Si pensamos que la mayor parte de los grupos étnicos indios basaban su dieta en la caza, estas afirmaciones han de resultar erróneas por fuerza. Curiosamente, no siempre fue así.
Cuando los primeros europeos llegaron al continente americano, el arco en nuestro “viejo” mundo se hallaba en un momento de franco declive, en favor de las armas de fuego. Los recién llegados quedaron fascinados por las habilidades de los indígenas con algo tan necesario para la caza como para la guerra. Muchas generaciones mas tarde, con el renacimiento de la arquería como deporte, la arquería nativa americana volvió a sufrir un gran descrédito, ya que se usaban flechas y arcos cortos en comparación con los largos y potentes “longbows” europeos. Además, los indios utilizaban el calor para moldear la madera de modo que fabricaban formas más cortas, algo impensable en Europa, un verdadero sacrilegio para la época, sobre todo en Inglaterra.
Así pues, la leyenda de los buenos arqueros nativos se desvaneció y llegó a extenderse la idea de que los indios debían acercarse tanto a sus presas para acertar el disparo, que podían prescindir del arco y clavar la flecha en el animal con la mano. A la vez que el mito se esfumaba injustamente, los indios comenzaron a decantarse por las armas de fuego, con más alcance y precisión, pero más aparatosas, pesadas y ruidosas, además de tener una cadencia de tiro muy lenta. Un arquero podía descargar un carcaj entero en menos tiempo del que costaba recargar un mosquete de avancarga de la época, los cuales no era infrecuente que fallasen, poniendo a veces en peligro al mismo tirador. El ruido del disparo era seguro que asustaría a las posibles presas en una amplia zona, por lo que un segundo disparo, si se fallaba el primero, era poco probable.
Se acertaba a la primera o se volvía con las manos vacías, en tanto que si un arquero falla, muy probablemente podrá repetir más veces el tiro al no alertar excesivamente a las presas.
Así pues, ¿por qué abandonaron el arco tan rápidamente? Se trató, sin duda, de una cuestión de prestigio. Como a todo el mundo, les impresionaban las novedades y, aunque al principio se sintiesen impresionados por el ruido, el fuego y el humo de las armas de fuego, pronto llegaron a la conclusión de que ellos eran tan capaces de manejarlas como el hombre blanco y se mostraron ansiosos por obtenerlas. Para colmo, eran difíciles de conseguir y muy caras en sus intercambios por pieles que, en si mismas, eran costosas de obtener. De este modo, el poseedor de una arma de fuego de los blancos era considerado un gran cazador, mejor trampero y, lo más importante, un admirado guerrero.
No obstante, en zonas del Este, las armas ancestrales sobrevivieron y se retornó a su uso. Los nativos de Canadá, Maine y los Cherokee del sur volvieron a cazar con arco y flechas, más apropiados a su estilo de vida y más prácticos en aquel momento.
También en el Oeste se abrían camino los “palos de trueno” del rostro pálido a los que llamaban “mazawakan” que puede traducirse como “hierro misterioso” en el idioma Sioux.
La realidad es que hasta la aparición del famoso Winchester de repetición, la mayoría de los indios siguieron usando el arco por razones prácticas como la disponibilidad y la cadencia de tiro, además de verse liberados de la dependencia del hombre blanco para su adquisición, municionamiento y reparación.

Todavía hay detractores que señalan a los indios como malos arqueros, tal vez debido a que disparaban a los bisontes a los que daban caza a lomos de su caballo, cabalgando extremadamente cerca del animal, tanto como para poder abatirlo con una lanza, cosa que no era infrecuente si se les terminaban las flechas. A estos detractores parece olvidárseles que también cazaban continuamente otras presas mucho más asustadizas, como cabras montesas y ciervos, a las que era muy difícil aproximarse más cerca de 15 o 20 metros. Eso mismo sucede actualmente y los cazadores deportivos regresan a casa muchas veces con las manos vacías.
Entre los indios de las praderas, el arco era visto más como un arma defensiva, ya que la obtención de honores en combate se realizaba mediante el cuerpo a cuerpo con el enemigo. Tanto era así, que si un guerrero daba muerte a otro a distancia, con una flecha o una bala, debía tocar el cuerpo del enemigo abatido para reclamar esa victoria.

En la actualidad podemos decir que hay pocos indios que hayan tenido un arco en sus manos, y mucho menos, un arco tradicional de cualquiera de sus etnias. Mientras que en tiro con arco ha ido ganando adeptos entre otros grupos americanos, por ejemplo los de origen europeo, los nativos americanos parecían reacios a retornara una practica que tal vez les transportase a unos tiempos en los que se les consideraba salvajes, creando en la actualidad un rechazo hacia esta actividad.
Reginald Laublin, autor del libro del cual estamos extrayendo la practica totalidad de los datos que damos en este escrito (American Indian Archery) refiere en su libro que fue requerido en uno de sus viajes a la reserva sioux de Standing Rock, situada entre Dakota del Norte y Dakota del Sur por un artesano sioux que todavía fabricaba arcos, aunque de bastante baja calidad, para que los viese y adquiriese algún ejemplar. Laublin compró un arco y una flecha, pagando tan solo 25 centavos de dólar al fabricante. Obviamente, se quedó sorprendido. El tiempo empleado en la construcción valía mucho más y así se lo hizo saber al vendedor. Salió al exterior a probar el arco y se le acercaron muchos muchachos indios a curiosear, diciéndole que jamás habían probado uno. Tras la experiencia, al día siguiente aparecieron muchos de ellos con arcos que acababan de comprar al artesano, cada uno con tres flechas, costando cada “equipo” un dólar. Seguramente, el primer ejemplo de inflación en una reserva india.

Según parece, el gobierno norteamericano insta a los nativos a preservar lo mejor posible sus costumbres, pero no parece que el tema de la arquería tradicional despierte mucho interés, mientras que si lo hace el uso de arcos mecánicos de factura moderna.


Se da la paradoja de que, mientras el ser humano empezó a prosperar al abandonar al nomadeo y convertirse en agricultor, en Norteamérica las cotas más elevadas de cultura de los indios de las praderas se alcanzaron al retornar al seguimiento de las grandes manadas de bisontes, habiendo sido capaces de adaptarse sorprendentemente a esa vida de nomadeo en un tiempo record, estimado según recientes estudios en no más de un siglo.

3 comentarios:

  1. Jaime
    He tomado "prestada" tu valiosa información.

    http://revistamachete.blogspot.com/2011/10/arqueria-nativa-americana.html

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  2. Encantado de que la información sea de tu interés.
    Gracias por leerme.

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  3. un trabajo perfecto a mi entender ,muy depurado .

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