viernes, 12 de noviembre de 2010

El mono de pelo rojo.




El arco es un arma, y no hay arma que se haya concebido para otra cosa que para inflingir un daño a personas o animales. El aspecto deportivo ha venido después, cuando las armas de fuego lo reemplazaron con cierta rapidez.  Así pues, también en esto de tirar palitos con plumas hay quien se decanta por la caza.
El tema de la caza tiene, como no podía ser de otra manera, sus defensores y sus detractores. No necesitamos cazar para comer, al menos, ya no, así que yo me pregunto muchas veces dónde está la gracia de pegarle un tiro o un flechazo a un animal. Supongo que si te lo vas a comer, todavía está justificado, siempre y cuando no se trate de especies en peligro de extinción, pero el cazador, ¿es capaz de ponerse en el lugar de la pieza que pretende abatir? ¿O sólo la ve como un pedazo de carne en movimiento que se piensa cobrar, no con poco sufrimiento para el animal, para sentirse el amo de la creación?
Esto no hace cosquillas, precisamente.
Hay quien dice que los buenos cazadores son los primeros ecologistas, y la verdad es que opino que es así, porque saben que animales son susceptibles de abatir y cuales no, incluso tratan de favorecer la conservación de las especies que cazan. Un buen cazador sabe a lo que se puede disparar y a lo que no.

Particularmente, creo que salvo por hambre o propia defensa, no sería capaz de matar a un animal y mucho menos, por el placer de hacerlo.  No me parece un deporte.


Lo cierto es que cada vez que veo fotos de revistas de caza, me sacan de mis casillas ciertas fotos. Hay quien caza pavos salvajes, conejos, perdices, jabalís...piezas de caza que acaban en una cazuela, pero cómo justificas al tipo que mata un oso, un alce, un ciervo, cabras montesas, o se van a África a pagar una pasta por tumbar un elefante, un rinoceronte o un búfalo. Me revuelven el estómago. Lo hacen por el trofeo en si, por la piel, la cabeza, las cuernas...y sobre todo, por la foto y por el placer de matar un animal y creerse que son la leche. Vete a por el oso o el rinoceronte con un palo si tienes cojones.
¿Satisfechos?
Nunca lo entenderé. Pero claro, si no somos capaces de respetarnos entre humanos, qué no les haremos a los bichos, más todavía cuando estamos acostumbrados a ver a los animales como "algo" que está a nuestro servicio de especie dominante y estamos tremendamente equivocados.

Hace años tuve la ocasión de visitar el zoo de Barcelona y mi cara al salir estoy seguro de que era muy diferente a la que tenía al entrar. Tras un grueso cristal, estaba apoyado un orangután, no muy viejo, al cual me acerqué porque nunca había visto uno que no fuese en fotos o documentales. Nada ni nadie impedía que tocases el cristal, así que me acerqué mucho. La verdad es tenía mis reparos a hacerlo, porque suponía que el animal al verme tan cerca reaccionaría mal y se asustaría o se pondría violento, dándome un buen susto y con el consiguiente ridículo ante la gente que estaba por allí de visita. El animal giró la cabeza y me miró, pero no hizo nada más. Adiviné que no me temía y dejé de lado la idea de la mala reacción así que acerqué más la cara al cristal, tanto que la cara del orangután y la mía no estaban separadas más que por un par de palmos y un cristal sucio. 
Y hay quien niega que tenemos orígenes comunes.


Lo realmente jodido, porque es la palabra que más se ajusta a lo que experimenté, es que estaba mirando a los ojos a un animal que miraba a los míos con un aire de tristeza y  de resignación, algo que no pensé nunca poder ver en la mirada de un animal. Tuve la sensación de que me decía "ayúdame a salir de esta porquería de sitio". Podría hacer una lista muy larga de gente con mirada menos expresiva. Os aseguro que me costó dejar de mirar una cara en la que ví las raíces de nuestra especie y desde luego, no se me ha olvidado. Sé que parece una experiencia de lo más tonta, pero a mi me cambió la manera de ver algunas cosas. Claro que tenemos diferencias notables con los animales pero, en lo básico, somos lo mismo. Deberíamos aprovechar nuestra inteligencia de "primates superiores", porque biológicamente no somos más que monos erguidos y sin casi pelo, para cosas mejores que matarlos por placer o enjaularlos. pero claro, son asuntos que mueven mucho dinero,y donde hay pasta, ya se sabe...no miramos pelo...ni pico, ni pata.
Respetemos a los animales. Tenemos la capacidad de ser mejores que ellos y no lo somos. Cada vez que una especie se extingue, nos quedamos más solos.

1 comentario:

  1. Además de estas reflexiones de Jaime en las cuales me identifico, escuche una sobre los cazadores que me hizo pensar un poco, y es que estos aluden a su LIBERTAD de ejercer ese "deporte" -la mayoría siempre dentro de unas normas, eso lo tengo claro- , pero a mi quien me da la LIBERTAD de ver, sentir, disfrutar de esos animales que ellos me arrebatan ejecutandolos con la práctica de su "deporte", pues esos animales son tan míos, como suyos, en el caso de que estos sean de alguien, que por supuesto no lo son.

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