martes, 7 de diciembre de 2010

La arquería en la cultura micénica

Acompañamiento musical de lo más épico...


MICENAS

La civilización micénica comprendió un periodo de algo más de 500 años desde los inicios del siglo XVI a. de C. hasta su declive en el siglo XII a. de C. Es la perteneciente a una época mítica, muy anterior a la Grecia clásica, un tiempo que nos ha legado a sus héroes legendarios, Aquiles, Menelao, Agamenón, Hector, Ajax y el mismísimo Ulíses. El tiempo que vió como Troya era destruida.
Durante este lapso de tiempo, esta cultura evolucionó desde el rol de admirador de la más avanzada civilización minoica radicada en la cercana Creta hasta convertirse en la cultura cuyo poder e influencia acabaron por dominar Grecia y la zona del mar Egeo.
El término "Micénicos" no es una designación reconocida por los autores clásicos.  Para los griegos, sus antepasados eran llamados Aqueos, Daneos o Argivos.
Éstos eran términos que les transportaban a través de la poesía épica y numerosas leyendas. Además, este período permaneció inmerso en la leyenda hasta finales del siglo XIX de nuestra era, cuando Heinrich Schliemann, en busca del tesoro y otras pruebas físicas de la guerra troyana narrada por Homero, comenzó a excavar en el lugar de Micenas en el cual el mismo Homero situaba el trono del rey Agamenón.

La arquería micénica

Del periodo micénico se conocen tres tipos de arco: el simple "self-bow", fabricado de una simple pieza de madera; el reforzado con tendón encolado a la madera, el cual era menos propenso a las roturas y añadía una potencia extra; y el compuesto, construido laminando capas de madera, tendón en la cara exterior y cuerno en la interior, muy potente y eficiente.
Carro de guerra micénico
El fabricado en una pieza de madera es la forma más simple y antigua. La más temprana evidencia física de arcos de estas características data de finales del Paleolítico superior de hace unos 12.000 años en Europa y , posiblemente de antigüedad muy similar en la zona levantina del Mediterráneo, lo cual nos lleva a afirmar que se trata de la misma forma de arco usado por los pueblos del Egeo.  Para lograr que un arco de estas características sea eficiente, es preferible que sea largo y ello conlleva una merma en la maniobrabilidad a lomos de caballo o , como empezó a darse con cierta frecuencia, luchando desde un carro de guerra.   La experiencia obtenida por los egipcios, hititas y otros pueblos de su contexto acerca de la arquería "móvil", pudieron ser aprovechados por los micénicos adoptando de ese modo arcos compuestos, que permitían alta eficiencia a pesar de su pequeño tamaño. Resulta obvio, que este tipo de arcos novedosos resultarían caros y sólo necesarios para una élite guerrera capaz de afrontar el coste económico de caballos y carros. De esa manera, las clases guerreras más bajas, seguirían usando arcos del tipo "primitivo". Todo ello resulta evidente en dibujos presentes en restos arqueológicos, en los cuales se adivina el tipo de arco utilizado según la forma que adquiere al mostrarse abierto.

En cuanto a las flechas, existe una amplia variedad de formas de puntas halladas en excavaciones en la antigua ciudad de Micenas.
El uso de puntas de bronce se extendió con rapidez, no obstante, las puntas talladas en piedra, especialmente en obsidiana, siguieron en uso más de 200 años
ya que eran presumiblemente más asequibles.
Desafortunadamente, las puntas de flecha no son válidas en si mismas para elaborar una cronología más o menos exacta en base a su forma o materiales, cosa que es más fácil de hacer si se tratase de restos cerámicos.  La evidencia histórica y etnográfica nos muestra que era usual que los arqueros llevasen en sus aljabas flechas armadas con puntas pesadas para atravesar las primitivas armaduras a corta distancia y también flechas con puntas más ligeras para hacerlas "llover" sobre sus enemigos a larga distancia. Asimismo, se aprecia claramente la coexistencia de puntas de bronce y de piedra tallada, lo cual complica más todavía la datación. La única forma de clasificarlas con ciertas garantías de éxito es hacerlo basándose en la estratigrafía, es decir al nivel de profundidad al que son halladas en una excavación, resultando, no obstante, incompleto.
Se da la circunstancia de la similitud ente puntas de flecha de un cierto tamaño y puntas de venablos o jabalinas.

Se han observado tres sistemas de fijación de las puntas a los vástagos de madera: mediante una hendidura en el vástago en la que insertar la punta, mediante una espiga del mismo material de la punta que se clavaría en la madera del vástago y por último un enmangue tubular, que se hizo posible al mejorar las técnicas metalúrgicas.  Las dos primeras formas eran las más fáciles de obtener, cortándose de una simple placa de bronce y resultando las más empleadas por razones evidentes.   Es curioso observar como a pesar de que las clases guerreras elitistas eran las que podían disponer de puntas de flecha del tercer tipo, no eran reacios a emplear puntas más simples, incluso de piedra tallada, cosa que se aprecia claramente por los hallazgos de los enterramientos de estos personajes descubiertos hasta la fecha.

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