viernes, 26 de noviembre de 2010

LA LEGION PERDIDA

¿Algo de musica de fondo? 


LA BATALLA DE CARRAE

LEGIONARIO ROMANO DE FINALES DE LA REPUBLICA
Tras la temprana muerte de Alejandro Magno, sus generales se repartieron su extenso imperio.
Casandro se quedó con Macedonia, Ptolomeo con Egipto (la futura reina Cleopatra pertenecía a la dinastía Ptolemaica), Lisímaco con Tracia (actual Bulgaria), Antígono con Anatolia y por último, Seléuco con Irán. 
Una de las zonas bajo dominio seléucida en su zona norte era la habitada por una serie de tribus nómadas de origen escita. En el año 238 a. de C. se sublevaron contra sus dominadores, ya debilitados por enfrentamientos con los otros reinos vecinos, deponiéndolos en el siglo II de nuestra era, formando de este modo un gran imperio. Tanto fue así, que acabó por enfrentarse a la creciente expansión de la dominación romana en Asia Menor. En aquel tiempo, Roma era todavía una república.
Los cónsules romanos más ambiciosos ansiaban obtener glorias militares que incrementasen su fortuna y su prestigio. Uno de ellos fue  Marco Licinio Craso
 (114 - 53 a. de C.)  famoso por ser el represor de la revuelta de esclavos en Roma, liderada por el gladiador Espartaco.  Tras este hecho, fue destinado a Siria, lugar en el que su ambición por obtener nuevas posesiones para Roma y de emular las glorias militares de Julio Cesar en las Galias, se lanzó a la conquista de Partia acompañado por siete legiones, aproximadamente 30.000 legionarios a pié y unos 4.500 soldados de caballería, muchos de estos de origen galo.
"Craso error" es una expresión que nacería tras esta desafortunada expedición de las tropas romanas.
        
A esta fuerza tan poderosa, se enfrentó el rey Parto enviando  a un general llamado Surena (aunque no está claro si era su nombre o más bien un título nobiliario o tal vez una graduación militar), que al mando de una fuerza muy inferior en número, formada por 7.000 arqueros a caballo, 1.000 catafractos (caballería fuertemente acorazada, tanto jinete como animal) y unos 1.000 camelleros que conducían los suministros se aventuraron a contener al invasor.   La estrategia del general parto consistió en permitir a los romanos internarse sin problemas en su territorio, cosa que hicieron siguiendo una ruta muy directa hacia el corazón de ese imperio, alejándose en exceso de sus líneas de suministro, que rápidamente fueron cortadas por aquellos que defendían su patria.  Desde ese momento, empezaron los devastadores ataques de los arqueros montados, que en fulminantes ataques, hacían caer miles de flechas sobre los romanos, matando a gran cantidad de ellos e incapacitando seriamente a muchos más. Si la caballería romana salía en su persecución, eran irremisiblemente atraídos a trampas en las que se veían rodeados por los catafractos que les contenían. Los arqueros hacían el resto.
El ejército romano ya estaba a la defensiva. No estaban entrenados para combatir contra enemigos huidizos y en escaramuzas de desgaste.
Al final, Craso se vió forzado a negociar la rendición personalmente, pero en cuanto lo hizo, el general parto ordenó su ejecución y la de sus oficiales.
Los ataques sobre el  descabezado ejército romano siguieron, y a pesar de luchar con desesperación, en las marismas cercanas a la población de Carrae, unos 10.000 supervivientes fueron capturados. No hubo piedad para los heridos.
Plutarco y Plinio hacen mención a que esos supervivientes fueron obligados a servir como soldados para sus captores en zonas alejadas, pero se creía que esto era sólo una leyenda.

Catafracto, arquero y portaestandarte partos.


LA LEYENDA TOMA FORMA

Ha caído en mis manos un libro titulado "ROMA EN GUERRA" del historiador José Antonio Lago, editorial Almena. Se trata de una recomendable joya en la que se detalla todo lo referente a técnicas de combate, evolución de armamento, campañas y mil asuntos más de gran interés concernientes al ejército romano. En este libro, el autor nos cuenta lo siguiente:

"En el año 2.000 la universidad de Lanzhou, en China, publicó los resultados de los análisis de ADN llevados a cabo entre la población de Zheilazhai, un poblado situado entre el desierto del Gobi y la provincia de Gansu.Tales resultados confirmaron la teoría que en 1.955 el investigador norteamericano Homer H. Dubs había enunciado sobre el paradero de aquellos legionarios.
  Según los análisis de ADN, el 46 % de los habitantes de Zhelaizai son descendientes de romanos. La sorprendente noticia, apoyada por la arqueología y la filología demostraba científicamente que un grupo de romanos había llegado a aquellas remotas tierras, situadas a unos 7.000 km. de Roma, datandose sobre la segunda mitad del siglo I. a. de C.     El poblado al que fueron enviados, o que construyeron, se denominó “Li-Jien”…(¿Legión?)
Una parte de los prisioneros romanos de Carrae obtuvo la gracia de escapar de la esclavitud o la muerte si aceptaba servir en el ejército parto.  Evidentemente, los partos enviaron a los romanos muy lejos de  la frontera occidental para prevenir cualquier intento de fuga, y los antiguos legionarios fueron enviados a Turkmenistán para combatir a los antecesoresde los hunos, lo que hicieron con su habitual maestría.
En el año 36 a.de C. las crónicas chinas de la dinastía Han, describen la toma del reducto de los hunos, la actual Tashkent, en Uzbekistán, por parte del ejército chino. En los textos se menciona con todo lujo de detalles a un grupo de extraños soldados que levantaban sorprendentes campamentos fortificados de forma rectangular y combatían con un sistema táctico muy complejo y organizado que causó la admiración de los oficiales chinos.

Unos 1.000 romanos sobrevivieron a los combates y los chinos, impresionados por su manera de combatir, les concedieron una relativa libertad, haciendoles establecerse en una remota zona del desierto de Gobi. La aldea en la que se instalaron, tomó el nombre de Legión, cuya forma china era Li-Jien, tal y como se halla documentado en las crónicas chinas a partir del año 5 de nuestra era. Por eso, los chinos denominaron a Roma Li-Jien cuando los embajadores de Marco Aurelio llegaron para estalecer relaciones comerciales con China en el 166 de nuestra era  sin saber que muchos años antes, Roma ya había estado presente en esas tierras."

martes, 23 de noviembre de 2010

CONTRA EL PODER DE MIL PALABRAS

Como de costumbre, un poquito de música. 

Por mucho poder que puedan tener las palabras, todos conocemos el famoso dicho de que una imagen vale más que mil palabras. Esta foto es una de las presentadas al concurso del presente año 2010 que convoca National Geografic y, de las muchas que he podido ver, es la que más me ha impactado.  Las había de muy buenas, pero esta, tiene algo especial, al menos para mi. Es una foto que me inspira optimismo, no pena,  por que a pesar de lo que muestra , es una foto alegre y en mi opinión, muy humana.


Es una foto tomada en un pueblo de Bali.  Creo que las caras de los protagonistas lo dicen todo. Me parece imposible contemplar esta foto sin sentir algo. En esta sociedad tan egoista que estamos creando, todavía nos queda mucho que aprender de gente sencilla como la de la foto, de las que necesitan muy poco para vivir.  Incluso a pesar de que la vida, como a nosotros, como a este niño ,a veces nos niegue la salud.  Afortunadamente, ellos todavía tienen la capacidad de preocuparse los unos de los otros.   Gestos como éste son los que hacen el mundo un poquito mejor. A ver si tomamos todos nota y no se nos olvida esa capacidad del ser humano. Por cierto, según el fotografo, el hombre de la flauta ni siquiera es su padre.

lunes, 15 de noviembre de 2010

ARQUERIA TRADICIONAL EN EL JAPON

         
Algo de música para ambientar la lectura


A pesar de que lo más usual es pensar en un samurai empleando una espada, realmente, desde tiempos remotos, el arma distintiva del guerrero japonés de clase alta es el arco (YUMI). En un interesante reverso del concepto europeo medieval, el cual consideraba al arquero un soldado de clase baja, los japoneses observaban su uso como un privilegio. Los "Bushi" (guerreros) de clase alta estaban encantados de que sus logros con el arco fuesen divulgados, en tanto que, sorprendentemente, no tenían ningún interés en que se comentasen sus habilidades con la espada.
La concepción, desarrollo e historia de la arquería japonesa es tan extensa que haré breves referencias a los aspectos que más me han llamado la atención o considero más interesantes.
Miles de años de nuestra era, los habitantes de las islas del Japón ya usaban el arco y la flecha para la caza y la guerra. Los dos arcos más antiguos encontrados están datados en aproximadamente 6.500 años a. de C. y medían aproximadamente 1,30 metros de longitud. Más numerosos son los del período "Jomon", de unos 1000 años a. de C., con medidas cercanas ya a los 2 metros. Los arqueólogos han encontrado puntas de flecha de obsidiana de la Edad de Piedra, pero los primeros datos de la práctica del tiro con arco como deporte datan del siglo VII de nuestra era. Se tiene constancia de que el emperador Tenmu promovía competiciones de tiro a caballo entre los miembros de su corte, siendo éste probablemente el nacimiento del YABUSAME o competición de tiro a caballo.

El arco Yumi es extraordinariamente largo y es asimétrico. Aproximadamente dos tercios del arco quedan por encima del punto en el que se empuña el arco. Todavía hoy se discute cual es la razón de esta asimetría, barajándose la posibilidad de que la causa fuese una mayor facilidad al usarlo sobre un caballo. Actualmente, se acepta que el diseño asimétrico se desarrolló durante el período "Yayoi". A lo largo del tiempo, la forma de elaborar estos arcos evolucionó como se detalla en este cuadro.



EVOLUCION DEL YUMI

PERIODO
 TIPO DE ARCO
    MATERIALES
Prehistoria
Maruki
Una sola pieza de madera
c. 800 - 900
Fusetake
Madera con frente de bambú
c.1100
Sanmaiuchi
Madera con frente y trasera de bambú
c.1300 - 1400
Shihochiku
Madera totalmente rodeada de bambú
c. 1550
Sanbonhigo (Higoyumi)
Núcleo de tres piezas laminadas de bambú, con laterales de madera y frente y trasera de bambú
c.1600
Yohonhigo (Higoyumi)
Difiere del anterior en tener 4 láminas de bambú
c.1650
Gohonhigo (Higoyumi)
Difiere del anterior en tener 5 láminas de bambú
c.1971 - actualidad
Fibra de vidrio
Nucleo de madera, fibra de vidrio al frente y trasera


El arco adquirió con el tiempo una dimensión esotérica en Japón, la cual se conserva hasta hoy, y todos los clanes desarrollaron una larga variedad de ceremoniosas competiciones en las que participaban desde nobles hasta guardias del señor feudal, la mayoría de las cuales estaban profundamente influidas de una gran espiritualidad.

El entrenamiento a caballo, naturalmente, era más aristocrático en naturaleza y tradición que el entrenamiento desmontado. Se exigía una gran coordinación para controlar el disparo a galope de un caballo para alcanzar una serie de objetivos que podían ser fijos o móviles. Entre las formas más populares estaban el tiro contra tres tablillas de madera (Yabusame), tiro contra un sombrero de bambú (kasagake) , tiro al perro (Inuomono), caza del perro (inuoi), caza del pájaro (oitorigari) y la caza mayor de ciervos, jabalís u osos (Makigari). El tiro contra tres objetivos (Yabusame) suponía lanzar el caballo a galope en una dirección preestablecida disparando flechas contra tres objetivos, constituidos cada uno por una tablilla cuadrada de 8 mm. de espesor y unos 30 cm. de lado, colocada en forma romboidal sobre una estaca a lo largo del recorrido del caballo. Explicaré esta disciplina porque es la que hoy perdura y la del "Inuomono" por lo curioso que resulta.
El Inuomono era una competición consistente en soltar un cierto número de perros en una plaza cerrada para darles muerte a caballo. Este particular sistema de entrenamiento evolucionó hacia una práctica ritualizada en la que 36 arqueros montados eran divididos en tres grupos de 12 jinetes Cada grupo de 12 jinetes se situaba en una zona central de espera delimitada por una cuerda dispuesta de modo circular que contenía tierra de colores. En ese momento se liberaban 50 perros de color blanco para el grupo, que salía a darles caza dentro de un perímetro vallado de unos 72 metros. La repugnancia que aquella carnicería provocaba en los primeros europeos que llegaron a Japón se unió a la influencia creciente del budismo en la sociedad japonesa se tradujo en edictos que ordenaban usar flechas que solo golpeaban a los perros, mientras que a los perros se les protegía con fajas acolchadas para minimizar el traumatismo. No obstante, muchos de los animales morían.
Representación de época de una competición de Inuomono.


Flechas y carcajs

El fabricante de flechas ( YA-HAKI ) también ofrecía a los Bushi una amplia variedad de flechas (YA), cuyos vástagos de junco eran de longitudes variables y desde luego muy largos, dada la gran apertura que permiten los arcos Yumi. Los emplumados son bastante largos, en consonancia con el resto de la flecha. La variedad de puntas es amplísima de acuerdo con su función específica. Por ejemplo, para practicar contra un objetivo, era frecuente que se usaran puntas de madera en forma de pera similares a las usadas para golpear a los perros en las competiciones de Inuomono, a fin de proteger las más costosas puntas metálicas.
Otras interesantes puntas de flecha eran las silbadoras, supuestamente derivadas de modelos chinos, consistentes en una recamara hueca agujereada convenientemente para que al volar la flecha, el aire que circulaba por ella produjese un silbido. Esto las hacía idóneas para las señales acústicas. Con ciertas modificaciones podían usarse como flechas incendiarias.

El acero, templado con una gran calidad era el principal material empleado para las puntas de flecha, las cuales podemos dividir en base a su forma, por ejemplo:
Yanagui Ba, o de hoja de sauce; Togari Ya, o puntiaguda; Karimata, o bifurcada; Watakushi, desgarradora.
Los ejemplares de puntas conservados, dan una idea general de la gran variedad de puntas existentes, cada una de las cuales estaba pensada para una finalidad muy concreta dentro del altamente especializado mundo del Japón feudal.

En cuanto a los carcajs (Yebira), a lo largo del tiempo se dieron muchos tipos de ellos; cerrados abiertos, cubiertos, ideados para llevar las puntas hacia arriba, para la caza, para la guerra, incluso uno curioso denominado Heriroku, que era usado en ciertos castillos feudales por los guardias del mismo, en el cual, las flechas quedaban dispuestas como si fuesen la cola de un pavo real.
Kari-Yebira


El tipo de carcaj más conocido era el Kari – Yebira, para espalda o semi –lateral, consistente en un pequeño recipiente, generalmente una cesta en el que se colocaban las flechas boca abajo, llevando más arriba sujetos los vástagos por un sistema de cordaje. El movimiento para extraerlas era tirar del vástago hacia arriba para extraer del cestillo la punta de la flecha y sacarla hacia fuera, para posteriormente y con un segundo tirón hacia abajo, extraer la flecha del sistema de sujeción por cuerda a favor de la pluma, es decir, sin deteriorar esta.


Los siglos XV y XVI fueron testigos del empleo de arqueros a mayor escala en las batallas, actuando como unidades compactas como en Europa, que mantenían una lluvia constante de flechas sobre el enemigo alternándose en grupos que enviaban sus andanadas mientras se avanzaba sobre éste. Esta fue una enseñanza derivada de la mente de grandes guerreros que se encontraron distanciados de sus tropas y bajo una lluvia de flechas disparadas contra ellos por los ejércitos invasores de la China gobernada por los mongoles en los siglos precedentes.
Los Bushi más prudentes avanzaban sólo para desafiar a sus iguales del lado opuesto, tras haber debilitado sus arqueros las líneas enemigas, incrementando así sus posibilidades de presentar el desafío a una distancia razonable.
La aparición de armas de fuego y su empleo a gran escala redujo mucho la importancia estratégica de la arquería, pero incrementó su importancia como reliquia nacional.
Como he comentado anteriormente, el tiro con arco ceremonial se desarrolló casi simultáneamente a su uso militar y en consecuencia estaba impregnado de la misma tradición. Las ceremonias sagradas que conmemoraban el nacimiento de Japón como nación (mencionadas en los primeros documentos del emperador Seinei en el año 483 de nuestra era) incluyen concursos aristocráticos de tiro con arco, generalmente celebrados en palacio o incluso en santuarios sintoístas.

Yabusame
Estas competiciones, cuya tradición se mantiene hoy en el pintoresco Yabusame, ejecutado cada año a mediados de Septiembre en Kamakura y en Tokio, vinculan el arco y la flecha con el principio de la raza Yamato. En la celebración del año nuevo (Harai) pueden verse otros usos ceremoniales, los cuales se dice que tienen su origen en la familia imperial en el siglo V de nuestra era. Igualmente famoso es el tañido de la cuerda del arco, cuyas vibraciones son un buen auspicio para un recién nacido de la familia real. También existe la costumbre de dar la bienvenida a un recién nacido con el disparo de una flecha silbadora, que dicen que ahuyenta a los malos espíritus y a las enfermedades.

Más allá del uso como instrumento de combate o elemento ritual, está su empleo como elemento de coordinación e integración que implicaban la personalidad del guerrero en su sentido más amplio (física, mental y espiritual). Se trataba del paso más complejo. Conocida como KYUDO, esta disciplina se basa en principios filosóficos del Budismo y del Taoísmo, interpretadas de un modo específico y adaptadas a la mentalidad japonesa por las distintas escuelas esotéricas de ZEN, que la clase militar consideraba tan favorablemente y que aceptó de una forma decidida.


El ZEN dio a esta disciplina de integración unos ejercicios especiales de concentración e interiorización con el propósito de estabilizar la mente y asegurar un control positivo sobre cada acción. Presentaba también unas técnicas y ejercicios de respiración abdominal que podían emplearse para el desarrollo de la fuerza necesaria para tensar, dispara y seguir la flecha hasta su objetivo. En resumen, el arte del arco en Japón puede considerarse como una serie de técnicas de control mental y coordinación física. Actualmente, esta disciplina se ha extendido a muchos países, siendo una actividad que goza de gran prestigio y respeto en Japón actual, siempre tan cuidadoso de sus tradiciones.

viernes, 12 de noviembre de 2010

El mono de pelo rojo.




El arco es un arma, y no hay arma que se haya concebido para otra cosa que para inflingir un daño a personas o animales. El aspecto deportivo ha venido después, cuando las armas de fuego lo reemplazaron con cierta rapidez.  Así pues, también en esto de tirar palitos con plumas hay quien se decanta por la caza.
El tema de la caza tiene, como no podía ser de otra manera, sus defensores y sus detractores. No necesitamos cazar para comer, al menos, ya no, así que yo me pregunto muchas veces dónde está la gracia de pegarle un tiro o un flechazo a un animal. Supongo que si te lo vas a comer, todavía está justificado, siempre y cuando no se trate de especies en peligro de extinción, pero el cazador, ¿es capaz de ponerse en el lugar de la pieza que pretende abatir? ¿O sólo la ve como un pedazo de carne en movimiento que se piensa cobrar, no con poco sufrimiento para el animal, para sentirse el amo de la creación?
Esto no hace cosquillas, precisamente.
Hay quien dice que los buenos cazadores son los primeros ecologistas, y la verdad es que opino que es así, porque saben que animales son susceptibles de abatir y cuales no, incluso tratan de favorecer la conservación de las especies que cazan. Un buen cazador sabe a lo que se puede disparar y a lo que no.

Particularmente, creo que salvo por hambre o propia defensa, no sería capaz de matar a un animal y mucho menos, por el placer de hacerlo.  No me parece un deporte.


Lo cierto es que cada vez que veo fotos de revistas de caza, me sacan de mis casillas ciertas fotos. Hay quien caza pavos salvajes, conejos, perdices, jabalís...piezas de caza que acaban en una cazuela, pero cómo justificas al tipo que mata un oso, un alce, un ciervo, cabras montesas, o se van a África a pagar una pasta por tumbar un elefante, un rinoceronte o un búfalo. Me revuelven el estómago. Lo hacen por el trofeo en si, por la piel, la cabeza, las cuernas...y sobre todo, por la foto y por el placer de matar un animal y creerse que son la leche. Vete a por el oso o el rinoceronte con un palo si tienes cojones.
¿Satisfechos?
Nunca lo entenderé. Pero claro, si no somos capaces de respetarnos entre humanos, qué no les haremos a los bichos, más todavía cuando estamos acostumbrados a ver a los animales como "algo" que está a nuestro servicio de especie dominante y estamos tremendamente equivocados.

Hace años tuve la ocasión de visitar el zoo de Barcelona y mi cara al salir estoy seguro de que era muy diferente a la que tenía al entrar. Tras un grueso cristal, estaba apoyado un orangután, no muy viejo, al cual me acerqué porque nunca había visto uno que no fuese en fotos o documentales. Nada ni nadie impedía que tocases el cristal, así que me acerqué mucho. La verdad es tenía mis reparos a hacerlo, porque suponía que el animal al verme tan cerca reaccionaría mal y se asustaría o se pondría violento, dándome un buen susto y con el consiguiente ridículo ante la gente que estaba por allí de visita. El animal giró la cabeza y me miró, pero no hizo nada más. Adiviné que no me temía y dejé de lado la idea de la mala reacción así que acerqué más la cara al cristal, tanto que la cara del orangután y la mía no estaban separadas más que por un par de palmos y un cristal sucio. 
Y hay quien niega que tenemos orígenes comunes.


Lo realmente jodido, porque es la palabra que más se ajusta a lo que experimenté, es que estaba mirando a los ojos a un animal que miraba a los míos con un aire de tristeza y  de resignación, algo que no pensé nunca poder ver en la mirada de un animal. Tuve la sensación de que me decía "ayúdame a salir de esta porquería de sitio". Podría hacer una lista muy larga de gente con mirada menos expresiva. Os aseguro que me costó dejar de mirar una cara en la que ví las raíces de nuestra especie y desde luego, no se me ha olvidado. Sé que parece una experiencia de lo más tonta, pero a mi me cambió la manera de ver algunas cosas. Claro que tenemos diferencias notables con los animales pero, en lo básico, somos lo mismo. Deberíamos aprovechar nuestra inteligencia de "primates superiores", porque biológicamente no somos más que monos erguidos y sin casi pelo, para cosas mejores que matarlos por placer o enjaularlos. pero claro, son asuntos que mueven mucho dinero,y donde hay pasta, ya se sabe...no miramos pelo...ni pico, ni pata.
Respetemos a los animales. Tenemos la capacidad de ser mejores que ellos y no lo somos. Cada vez que una especie se extingue, nos quedamos más solos.

domingo, 7 de noviembre de 2010

HACIENDO EL INDIO

¿Música de indios? Pues pincha aquí.

Una carreta huye por la pradera, perseguida por unos cuantos indios salvajes pintarrajeados y a caballo, dando grititos ridículos y lanzando flechas a diestro y siniestro, mientras esperamos escuchar la corneta de algún regimiento de caballería que acude al rescate…

La industria cinematográfica ha retratado al nativo americano como un ser inferior, malvado y ridículo, cuando no grotesco. (Haré la excepción de “Bailando con lobos”). Afortunadamente, hoy, quien lo desee puede acceder a la información necesaria para sustituir esa imagen deformada por una más real y digna, de unas étnias de las cuales deberíamos haber sabido tomar algunos ejemplos. Respeto a la figura del anciano y su experiencia, respeto a su entorno natural del cual dependían y en el cual estaban absolutamente integrados y valores familiares que se hacían extensivos a todos los miembros del clan. Todos cuidan de todos. Y esto podemos hacerlo extensivo a todos los pueblos “primitivos” del mundo los cuales tuvieron la desgracia de toparse con colonizadores europeos en su mayor parte pobres e incultos en busca de mejores oportunidades en tierras lejanas y dirigidos por líderes con tanto exceso de avaricia como carentes de escrúpulos.
Les creímos inferiores y les llamamos salvajes, y los impusimos a golpe de espada y arcabuz nuestra desordenada forma de vida, nuestras enfermedades y nuestros desviados valores.


Estoy leyendo un libro que tiene bastantes años, titulado “American Indian Archery”, de un tal Reginald Laublin. Está en Inglés, y como lo tengo algo oxidado me cuesta un poco, pero merece la pena hacerlo por que es de lo más interesante.
Es curioso comprobar como, incluso entre los practicantes de tiro con arco, la arquería nativa americana parece no tener ninguna consideración como sí la tienen los arcos orientales, y es una gran desconocida, y eso que pensar en un arco y una flecha nos suele llevar a dos imágenes, Robin Hood y un indio a caballo. Sorprendentemente, el nivel tecnológico alcanzado por los nativos americanos, especialmente los del Norte, tiene muy poco que envidiar a la fabulosa arquería oriental. Arcos rectos, de tips recurvados, reforzados con tendones de animal, compuestos…… unos maestros, vamos.
Lo que viene a continuación no es más que una breve reseña que he extraído del citado libro, pero me ha parecido interesante por los datos que proporciona, sin entrar en métodos ni técnicas arqueras que no creo que vengan a cuento.
Por otro lado tengo que decir que no me he podido resistir a poner unas ilustraciónes de Frank Mcarthy, las cuales creo que son de lo mejorcito que se podía encontrar para esta entrada. También os pongo un enlace a un texto que no tiene desperdicio: Mensaje del gran jefe Seattle al presidente de los EE.UU. de América, Franklin Pierce.   http://www.arcobosque.com/seattle.htm

ARQUERÍA NATIVA AMERICANA
"Vosotros los blancos siempre estais haciendo preguntas, nunca os limitais a observar y observar.
Suele ser posible aprender lo que hay que saber, observando y escuchando."
(Anciano nativo americano)



Nadie conoce con certeza de qué manera llegó a América el uso del arco, pero su uso se extendía por todo el continente cuando llegó el hombre blanco. En el hemisferio norte, podemos encontrar un amplio abanico de calidades, desde los arcos muy pobres hasta los refinados arcos construidos en el Noroeste de la actual Norteamérica. Algunos podían rivalizar en diseño y belleza con los antiguos arcos clásicos.
Seguramente, el arco llegó desde Asia en migraciones posteriores a las que colonizaron el continente por primera vez.
Los únicos arcos construidos con refuerzos hechos de tendón fueron hallados en Norteamérica, entre las tribus de las praderas, las montañas rocosas y California. Algunos de ellos son sorprendentemente parecidos a ciertos diseños de origen asiático.
Los arcos más toscos provienen de la zona amazónica. Tal vez el primitivismo de estos nativos sea la causa de ese escaso desarrollo. No obstante, debemos destacar la longitud de sus arcos y sobre todo de sus flechas más parecidas a jabalinas.
El único lugar del mundo donde el arco parece no haberse usado es en Australia. Este continente aparentemente se quedó aislado del resto del mundo cuando las grandes placas de hielo se fundieron, antes de que la idea del arco se materializase.
Existen teorías acerca del nacimiento de este invento. Nada prueba que no se tratase de una idea independiente, nacida de la mente privilegiada de un individuo, la cual fue extendiéndose rápidamente.
Ciertamente, el arco rozó la perfección entre los pueblos turcomanos de Asia Menor, pero incluso ellos, trajeron el arco consigo desde Asia Central. Hay quien sostiene que el arco nació en Asia y que se extendió gradualmente al resto del mundo. Su desarrollo final en varias regiones dependió de la cultura y posibilidades del grupo étnico que lo recibía, su importancia en su modo de vida y de los materiales disponibles para su elaboración, así como las condiciones climáticas de la zona.
El arco parece haber sido conocido por los pueblos de la Polinesia, pero abandonado, en parte por las calidades de la madera disponible y, más probablemente, por la forma de entender la guerra, la cual se trataba como un asunto de contacto personal en lugar de la destrucción del enemigo a distancia.

Existen una serie de ideas tan preconcebidas como equivocadas acerca de los nativos americanos y ello se hace extensivo al tema de la arquería, haciéndose necesario corregir algunos conceptos.
La arquería india ha tenido que soportar una mala reputación, habiéndose tachado de “inferior” por los expertos, en base a la creencia de que los arcos son de baja calidad y los arqueros, malos tiradores. Si pensamos que la mayor parte de los grupos étnicos indios basaban su dieta en la caza, estas afirmaciones han de resultar erróneas por fuerza. Curiosamente, no siempre fue así.
Cuando los primeros europeos llegaron al continente americano, el arco en nuestro “viejo” mundo se hallaba en un momento de franco declive, en favor de las armas de fuego. Los recién llegados quedaron fascinados por las habilidades de los indígenas con algo tan necesario para la caza como para la guerra. Muchas generaciones mas tarde, con el renacimiento de la arquería como deporte, la arquería nativa americana volvió a sufrir un gran descrédito, ya que se usaban flechas y arcos cortos en comparación con los largos y potentes “longbows” europeos. Además, los indios utilizaban el calor para moldear la madera de modo que fabricaban formas más cortas, algo impensable en Europa, un verdadero sacrilegio para la época, sobre todo en Inglaterra.
Así pues, la leyenda de los buenos arqueros nativos se desvaneció y llegó a extenderse la idea de que los indios debían acercarse tanto a sus presas para acertar el disparo, que podían prescindir del arco y clavar la flecha en el animal con la mano. A la vez que el mito se esfumaba injustamente, los indios comenzaron a decantarse por las armas de fuego, con más alcance y precisión, pero más aparatosas, pesadas y ruidosas, además de tener una cadencia de tiro muy lenta. Un arquero podía descargar un carcaj entero en menos tiempo del que costaba recargar un mosquete de avancarga de la época, los cuales no era infrecuente que fallasen, poniendo a veces en peligro al mismo tirador. El ruido del disparo era seguro que asustaría a las posibles presas en una amplia zona, por lo que un segundo disparo, si se fallaba el primero, era poco probable.
Se acertaba a la primera o se volvía con las manos vacías, en tanto que si un arquero falla, muy probablemente podrá repetir más veces el tiro al no alertar excesivamente a las presas.
Así pues, ¿por qué abandonaron el arco tan rápidamente? Se trató, sin duda, de una cuestión de prestigio. Como a todo el mundo, les impresionaban las novedades y, aunque al principio se sintiesen impresionados por el ruido, el fuego y el humo de las armas de fuego, pronto llegaron a la conclusión de que ellos eran tan capaces de manejarlas como el hombre blanco y se mostraron ansiosos por obtenerlas. Para colmo, eran difíciles de conseguir y muy caras en sus intercambios por pieles que, en si mismas, eran costosas de obtener. De este modo, el poseedor de una arma de fuego de los blancos era considerado un gran cazador, mejor trampero y, lo más importante, un admirado guerrero.
No obstante, en zonas del Este, las armas ancestrales sobrevivieron y se retornó a su uso. Los nativos de Canadá, Maine y los Cherokee del sur volvieron a cazar con arco y flechas, más apropiados a su estilo de vida y más prácticos en aquel momento.
También en el Oeste se abrían camino los “palos de trueno” del rostro pálido a los que llamaban “mazawakan” que puede traducirse como “hierro misterioso” en el idioma Sioux.
La realidad es que hasta la aparición del famoso Winchester de repetición, la mayoría de los indios siguieron usando el arco por razones prácticas como la disponibilidad y la cadencia de tiro, además de verse liberados de la dependencia del hombre blanco para su adquisición, municionamiento y reparación.

Todavía hay detractores que señalan a los indios como malos arqueros, tal vez debido a que disparaban a los bisontes a los que daban caza a lomos de su caballo, cabalgando extremadamente cerca del animal, tanto como para poder abatirlo con una lanza, cosa que no era infrecuente si se les terminaban las flechas. A estos detractores parece olvidárseles que también cazaban continuamente otras presas mucho más asustadizas, como cabras montesas y ciervos, a las que era muy difícil aproximarse más cerca de 15 o 20 metros. Eso mismo sucede actualmente y los cazadores deportivos regresan a casa muchas veces con las manos vacías.
Entre los indios de las praderas, el arco era visto más como un arma defensiva, ya que la obtención de honores en combate se realizaba mediante el cuerpo a cuerpo con el enemigo. Tanto era así, que si un guerrero daba muerte a otro a distancia, con una flecha o una bala, debía tocar el cuerpo del enemigo abatido para reclamar esa victoria.

En la actualidad podemos decir que hay pocos indios que hayan tenido un arco en sus manos, y mucho menos, un arco tradicional de cualquiera de sus etnias. Mientras que en tiro con arco ha ido ganando adeptos entre otros grupos americanos, por ejemplo los de origen europeo, los nativos americanos parecían reacios a retornara una practica que tal vez les transportase a unos tiempos en los que se les consideraba salvajes, creando en la actualidad un rechazo hacia esta actividad.
Reginald Laublin, autor del libro del cual estamos extrayendo la practica totalidad de los datos que damos en este escrito (American Indian Archery) refiere en su libro que fue requerido en uno de sus viajes a la reserva sioux de Standing Rock, situada entre Dakota del Norte y Dakota del Sur por un artesano sioux que todavía fabricaba arcos, aunque de bastante baja calidad, para que los viese y adquiriese algún ejemplar. Laublin compró un arco y una flecha, pagando tan solo 25 centavos de dólar al fabricante. Obviamente, se quedó sorprendido. El tiempo empleado en la construcción valía mucho más y así se lo hizo saber al vendedor. Salió al exterior a probar el arco y se le acercaron muchos muchachos indios a curiosear, diciéndole que jamás habían probado uno. Tras la experiencia, al día siguiente aparecieron muchos de ellos con arcos que acababan de comprar al artesano, cada uno con tres flechas, costando cada “equipo” un dólar. Seguramente, el primer ejemplo de inflación en una reserva india.

Según parece, el gobierno norteamericano insta a los nativos a preservar lo mejor posible sus costumbres, pero no parece que el tema de la arquería tradicional despierte mucho interés, mientras que si lo hace el uso de arcos mecánicos de factura moderna.


Se da la paradoja de que, mientras el ser humano empezó a prosperar al abandonar al nomadeo y convertirse en agricultor, en Norteamérica las cotas más elevadas de cultura de los indios de las praderas se alcanzaron al retornar al seguimiento de las grandes manadas de bisontes, habiendo sido capaces de adaptarse sorprendentemente a esa vida de nomadeo en un tiempo record, estimado según recientes estudios en no más de un siglo.