domingo, 9 de enero de 2011

COMENZANDO EL AÑO

Musica para uncomienzo 


                                                                       El acceso


El Saler es un lugar agradable que invita a la práctica deportiva. Eso sí, los días de aire y frío, hay que conformarse con el espectáculo del mar revuelto, que no es poca cosa. Me encanta la llegada entre pinadas y, de repente, el azul del mar y el verde del campo de tiro, con sus parapetos esperando recibir los impactos de las flechas de veteranos y novatos, unos y otros esfozándose por mejorar. Bosque al frente y el mar a la espalda, una combinación de verdadero lujo

La playa del Saler
Este fin de semana regreso con mi arco y mis flechas tras un pequeño parón. Fiestas navideñas, días desapacibles, compromisos y un domingo estupendo que un fuerte catarro me obligó a dejar pasar. Y al igual que yo, parece que el personal recupera la marcha y se va animando. Hoy había bastantes arquer@s.
La llegada ha sido agradable. Los días soleados y con poco viento te permiten ver nada más llegar un mar tan bonito que siempre hay alguien mirándolo. Y esa brisa que te envía para refrescarte la nuca en los días de calor no tiene precio.  Cosa grande, si señor.
Para mi sorpresa, mi forma física no estaba muy mermada tras el paréntesis navideño. No he querido excederme, pero lo cierto es que estaba disfrutando. Cada flecha le disputaba el lugar de impacto a la anterior y la verdad es que he hecho agrupaciónes bastante aceptables. A lo mejor es bueno parar unos días para que los sentidos se pongan a cero y cuando regreses dispares como el que cambia de marchas en el coche. Sin mirar, sin pensar, de forma natural....instintivamente en esencia. Serenidad, concentración, y hacer del arco una extensión de tí mismo. Abrir, encarar y saber que la flecha irá al lugar que tú decidas. Desde luego, no sale todos los días, pero cuando sale, regresas a casa con una sensación muy agradable. Satisfacción creo que sería la palabra que mejor encaja. La satisfacción de volver sabiendo que vas mejorando muy poco a poco, que te superas a ti mismo. Sin vencer a nadie. Sin ganar trofeos. Sin necesidad de sacar pecho.
Estoy deseando que llegue la próxima tirada a los animales "de pega" de los que disponemos, que si nada lo impide será el próximo sábado. La línea de tiro se llena, hay un ambiente excelente, y una tensión interrumpida tan sólo por el sagrado y reparador almuerzo tras la primera parte del recorrido, recuperada al momento de comenzar la segunda parte de la tirada y recordar que si tus flechas no alcanzan su objetivo tendrás que andar un poco para buscarlas entre la maleza del fondo, así que afínas la puntería y te concentras más en cada disparo. Supongo que el secreto está en creértelo. Si confías en que vas a acertar, acertarás, de lo contrario, las dudas te hacen fallar...y a pasear se ha dicho.
Enfrente, las dianas. A la espalda, el mar.
Volveré al campo, y en el camino, tanto de ida como de vuelta, disfrutaré una vez más de la visión de cientos de pequeñas garzas blancas que adornan los arrozales, alimentándose de la microfauna que encuentran en el agua. Veré, como va siendo habitual, alguna pequeña rapaz que aletea manteniendose parada en el aire con la mirada hacia abajo siguiendo los movimientos de una posible presa, de bandadas de patos, gaviotas y otras muchas especies de aves que mi falta de conocimientos ornitológicos me impide identificar (hoy creo que he visto un cormorán en vuelo), pero que adornan el paisaje y nos recuerdan que a pesar de la proximidad a la ciudad, estamos inmersos en un verdadero ecosistema que debemos preservar a toda costa.
Días así me hacen reafirmarme en la idea de que he acertado con este deporte, no por los triunfos, sino por el puro disfrute personal.

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