martes, 22 de marzo de 2011

LOS TRES ESPARTANOS PERDIDOS

Ambienta la lectura con algo de música

Resulta curioso como en ocasiones algun acto de lo más normal y cotidiano puede traernos a la memoria cosas hechas en el pasado, tan lejanas ya en el tiempo que quedan reducidas a recuerdos borrosos salpicados de detalles que, por alguna razón, quedaron muy nítidos. Ordenar unos DVD ha sido la chispa que ha puesto en marcha los recuerdos de un enano de los años 60, es decir, yo, que a falta de videojuegos, debía poner en marcha toda su maquinaria imaginativa para crear una realidad que duraba solo el tiempo que duraba la ficción de un juego, la representación de un papel más o menos heróico.  Pues si,  yo también defendí el paso de las Termópilas del ataque de los malvados persas. No eramos 300, sólo eramos 3, y nunca nos acompañó el rey Leónidas de Esparta, pero a nuestra manera salvamos Grecia del invasor. Bueno, en realidad era la playa de Tavernes de la Valldigna, lugar de veraneo familiar por aquel entonces, pero ¿qué importaba?... eramos los más temibles, los más asilvestrados y los que teníamos las rodillas mas sucias, las más peladas,  los que más arañazos y costras llevaban. 

Queríamos ser como ellos.

Si. Aquel verano nos dejaron caer en la tele la pelicula "El león de Esparta" del año 1961, cuya versión más reciente es la famosa y sanguinaria "300" y tan fascinados nos dejó la hazaña de aquellos guerreros que 3 amigos de los que sólo se ven en verano ( me pregunto que habrá sido de ellos )  decidimos buscar cartones y con algo de maña y una buena dosis de imaginación, logramos contruirnos unos escudos redondos y hacernos unos cascos esperpénticos con los que nos disfrazabamos de valerosos soldados de Esparta. Las espadas se reducían a simples varillas de persiana enrrollable que no recuerdo de donde sacamos.  Ya solo faltaba el enemigo, y lo encontramos en un solar en el que crecían sin control unos matojos muy altos y de tallo quebradizo, rebosantes de una savia verde y pegajosa que pronto se convertiría en sangre persa en nuestras espadas. Pues allí que nos liabamos. Como el enemigo no se movía eramos nosotros los que avanzabamos dando tajos de espada a derecha e izquierda, haciendo caer aquellos matojos a nuestros pies hasta que aparecíamos por el otro lado del solar. Así, con la satisfacción del deber cumplido, los hoplitas triunfantes regresaban a sus casas. Las madres espartanas decían a sus hijos, "Vuelve con tu escudo... o sobre él". Las nuestras nos decían otras cosas menos épicas las cuales no puedo recordar con exactitud, pero siempre referentes a nuestro lamentable estado, a la porquería que llevabamos encima y que "derechito a lavarte, que mira que sois cochinos".
Era un juego que siempre he recordado con especial agrado, así que tiempo después de haber visto en el cine la famosa "300" encontré en la FNAC sin buscarla la versión del año 61 que tanto había recordado. ¡Qué hallazgo! Y baratita, que ya me pareció raro, así que ... a la saca y a verla de nuevo con la lógica aunque esperada decepción que experimentas al volver a ver algo que has idealizado demasiado y que los años transcurridos han convertido en una película tremendamente obsoleta. No obstante, la ví con ilusión y la guardo como un pequeño tesoro. Es parte de mis recuerdos.

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