domingo, 11 de marzo de 2012

Simplemente amigos.

Temita musical de acompañamiento


Hay quien dice que cualquier tiempo pasado fue mejor. Hay quien pregona todo lo contrario.  Yo digo que cualquier tiempo pasado sólo fué diferente y tuvo sus más y sus menos y que si puedo recuperar de alguna manera esos "más" debo hacerlo porque resultará satisfactorio y me pondrá una sonrisa en la cara. Los "menos" se quedan en el pasado y que no se les ocurra moverse de ahí.  Puestos a recuperar, hay algo que me resulta especialmente grato y no es otra cosa que reencontrarme con los viejos amigos de adolescencia, con los cuales compartí risas, enfados, clases interminables, absurdas preocupaciones típicas de mocosos por madurar, deporte, cafetería, ojeadas de culitos de orgullosisimas niñatas, aspiraciones lejanas, ideas confusas y muchas bromas. A ver si ahora nadie ha dibujado nunca un pene a bolígrafo en el libro de texto de un colega...
Lo lleva la edad, ser un tocapelotas, ingenuos pero tocapelotas.
Este domingo se ha repetido una de las reuniones que muy de tarde en tarde organizamos y a las que afortunadamente cada vez se van uniendo más amigos.
En tres décadas una persona cambia mucho, pero me resulta curioso como cuando les ves nuevamente no ves al adulto camino de los cincuenta, con menos pelo, pasado de kilos, algo arrugado y con las marcas de latigazos que te va dejando la vida.  Lo que ves detrás de esas caras es al amiguete que parece volver a sentarse contigo a repasar esa lección que no hay manera de aprender o que aparece con una pelota bajo el brazo, al que viene a contarte un chiste guarro o a darte una colleja si te pilla desprevenido.
Solo por joder. Panda de delincuentes.

Saludos efusivos con miradas limpias de asombro acompañadas del típico "Tío, estas igual".
No, no estas igual, nadie está igual, pero me alegro de que estés y que hayas venido.
Y entonces tratas de resumir tus treinta años pasados sin saber como empezar, interesándote sinceramente por esos mismos treinta años pasados en el pellejo de tus amigos, aunque sabes que se trata de resúmenes imposibles, así que te limitas a recordar anécdotas de aquellos tiempos y a preguntar si alguien sabe algo de éste o de aquel compañero de los muchos que no han venido, en la certeza de que sólo tenemos un rato para tomar algo y charlar animadamente antes de reintegrarnos a la cotidianeidad de nuestras vidas. Pero eso basta, tus amigos están ahí todavía y eso es bueno, eso me gusta.

Despertamos días pasados que no llegaron a dormirse profundamente.  Creo que las amistades que son para toda la vida son las que hacemos en la adolescencia. Capullos inexpertos que se abren a la vida creyendo que un día se la comerán, hasta que el tiempo nos dice que cuidadito, no sea que la vida nos coma a nosotros, así que lo dejamos en tablas y aprendemos que casi siempre hay que conformarse con la búsqueda de vidas más sencillas de las que esperábamos, en las que caben más y mejores cosas de lo que nunca imaginamos.  Algo tan sencillo y complicado a la vez como puede ser colgarse de un teléfono y marcar el número de un amigo al que hace un millón de años que no vemos y decirle..."Hola, tío. ¿Sabes quien soy?"

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